Venganza · Historia

El chico humillado en el instituto decide revelar el secreto más oscuro de su acosador

El chico humillado en el instituto decide revelar el secreto más oscuro de su acosador — Parte 1
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El instituto San Fernando siempre se había regido por una jerarquía implacable. En la cima se encontraban aquellos con apellidos ilustres y chaquetas deportivas de marca; en la base, los que simplemente intentábamos sobrevivir al ruido diario. Yo pertenecía a este último grupo. Aquella tarde de primavera, la cafetería bullía con el murmullo ensordecedor de cientos de estudiantes. Yo me había refugiado en una mesa de la esquina, con la capucha de mi sudadera negra cubriéndome la cabeza, concentrado en la pantalla de mi ordenador portátil. Estaba terminando de pulir las líneas de código de mi proyecto final, ajeno al mundo.

La provocación de Marcos

De repente, una sombra se proyectó sobre mi teclado. Antes de que pudiera levantar la vista, un frío glacial me recorrió la nuca. Un chorro pegajoso de refresco de cola comenzó a derramarse sobre mi cabeza, empapando la tela de mi sudadera y goteando peligrosamente sobre los circuitos de mi ordenador. El silencio se apoderó de la cafetería de inmediato. Las risas se apagaron y decenas de miradas se clavaron en mi humillación pública.

El chico humillado en el instituto decide revelar el secreto más oscuro de su acosador

Me giré lentamente. Detrás de mí, sosteniendo la lata vacía con una sonrisa de absoluta suficiencia, estaba Marcos. Llevaba su impecable chaqueta azul de la selección deportiva del instituto, con el escudo brillando bajo las luces fluorescentes. Sus ojos reflejaban el desprecio de quien se sabe intocable.

¿Qué te pasa, chico? ¿Te ha comido la lengua el gato?

La provocación flotó en el aire, esperando la típica reacción de sumisión a la que los tenía acostumbrados. Pero algo dentro de mí se rompió en ese instante. El miedo que me había paralizado durante meses se transformó en una calma fría y cortante. Me levanté despacio, permitiendo que el refresco goteara sobre el suelo, y le sostuve la mirada sin parpadear.

¿Has terminado?

Marcos frunció el ceño, visiblemente desconcertado por mi falta de sumisión, pero recuperó su postura arrogante en un segundo.

Bien.

Me acerqué un paso más, lo suficiente para que pudiera ver el fuego que ardía detrás de mis ojos mojados.

Ahora me toca a mí.

Me levanté despacio, permitiendo que el refresco goteara sobre el suelo, y le sostuve la mirada sin parpadear.¿Has terminado?Marcos frunc…