Venganza · Historia

El secreto en el patio de prisión que cambió mi destino para siempre

El secreto en el patio de prisión que cambió mi destino para siempre — Parte 1
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La ley del más fuerte

El cielo sobre el centro penitenciario de Soto del Real amenazaba con desplomarse en cualquier momento. Un viento helado recorría el patio de hormigón, donde las reclusas caminaban en círculos buscando un poco de calor. Sara intentaba mantener la cabeza baja, aferrando contra su pecho una pequeña bolsa de plástico que contenía sus escasos artículos de aseo. Para ella, cada día en ese lugar era una batalla por mantener la cordura y la dignidad.

De repente, un pie se interpuso en su camino. Sara no pudo reaccionar a tiempo; tropezó violentamente y cayó de rodillas sobre el asfalto rugoso. El impacto le arrancó un gemido de dolor, y sus pertenencias salieron despedidas, esparciéndose por el suelo gris. Al levantar la mirada, se encontró con la figura imponente de Begoña, la reclusa que controlaba el pabellón con puño de hierro.

El secreto en el patio de prisión que cambió mi destino para siempre
Dame tus cosas, novata.

Begoña sonreía con crueldad, con los brazos cruzados sobre el pecho, disfrutando de la humillación ajena. Las demás reclusas se detuvieron, formando un círculo silencioso. Sara sintió el sabor cálido y metálico de la sangre en su labio partido. La rabia, contenida durante meses de injusticia, estalló en su interior. Se levantó lentamente, limpiándose la boca con el dorso de la mano, y clavó sus ojos desafiantes en los de su acosadora.

Ven a quitármelas, zorra.

Antes de que Begoña pudiera reaccionar, Celia, una de las funcionarias de prisiones más estrictas del módulo, irrumpió en el círculo. Con una fuerza sorprendente, Celia agarró a Sara por los hombros, empujándola contra el muro de hormigón en un forcejeo violento. Begoña dio un paso atrás, sorprendida por la rapidez de la intervención. Sin embargo, mientras Celia fingía reducir a Sara con dureza, le susurró algo al oído que heló la sangre de la joven reclusa.

Sin embargo, mientras Celia fingía reducir a Sara con dureza, le susurró algo al oído que heló la sangre de la joven reclusa.