Secretos de familia · Historia

Mi esposo me humilló para defender a su madre, sin saber quién era mi padre

Mi esposo me humilló para defender a su madre, sin saber quién era mi padre — Parte 1
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Un nido de víboras

El gran vestíbulo de la mansión de los de la Vega parecía más una prisión de mármol que un hogar. Gemma, con su avanzado embarazo reflejado en el delicado satén azul de su vestido, temblaba bajo la fría mirada de su suegra. Edita de la Vega, una mujer cuya elegancia solo era superada por su crueldad, la observaba desde el descanso de la escalera principal, vestida con un imponente traje escarlata que parecía predecir la tragedia.

—Aprende cuál es tu lugar. Nunca pertenecerás a esta familia —sentenció Edita, con una frialdad que congeló el aire del lugar.

Gemma, con las lágrimas corriendo por sus mejillas, intentó buscar apoyo en su esposo, Alejandro. Sin embargo, en lugar del hombre que había prometido amarla y protegerla, encontró a un extraño consumido por la sumisión a su madre. Alejandro la tomó del brazo con una fuerza desmedida, sus ojos inyectados en ira.

Mi esposo me humilló para defender a su madre, sin saber quién era mi padre
—¿Cómo te atreves a hablarle así a mi madre en mi propia casa? —le gritó Alejandro, apretando su agarre sin importarle el estado de su esposa.

—Tu madre me humilló y tú oíste cada palabra —respondió Gemma, su voz quebrada por el dolor físico y emocional. Sintió un agudo dolor en el vientre y temió por la vida del bebé que llevaba dentro. La traición de Alejandro era el golpe más bajo que jamás había recibido.

Pero antes de que Alejandro pudiera responder o Edita pudiera disfrutar de su aparente victoria, el sonido de las pesadas puertas de madera doble abriéndose de golpe interrumpió la escena. La silueta de un hombre imponente, de cabello canoso y porte aristocrático, se recortó contra la luz del atarceder. Era Terence, el padre de Gemma, un hombre cuya inmensa fortuna e influencia hacían temblar a los círculos más poderosos del país.

—Hija, haz las maletas —ordenó Terence con una voz que resonó como un trueno en el enorme vestíbulo. Los guardaespaldas que lo acompañaban tomaron posiciones de inmediato, cerrando cualquier vía de escape para Alejandro.

Terence se acercó a Alejandro, acortando la distancia hasta que sus respiraciones se cruzaron. La soberbia del joven de la Vega se desvaneció en un instante, reemplazada por un terror absoluto al reconocer al verdadero gigante financiero.

—Y responderás por cada una de sus lágrimas —le advirtió Terence con una frialdad implacable.

La soberbia del joven de la Vega se desvaneció en un instante, reemplazada por un terror absoluto al reconocer al verdadero gigante finan…