El secreto del barco familiar que mi padrastro intentó silenciar a golpes
La tormenta en la cubierta
El sol de la tarde caía implacable sobre el puerto de Valencia, pero a bordo del Estrella del Sur, el ambiente era gélido. Olivia, una joven oficial militar recientemente repatriada tras sufrir un grave accidente que la había dejado postrada en una silla de ruedas, contemplaba la madera desgastada de la cubierta. Su cabeza, aún envuelta en vendas blancas, latía con un dolor sordo, pero nada dolía tanto como la traición que respiraba en el aire familiar.
Frente a ella se encontraba Gonzalo, su padrastro, un hombre de negocios implacable vestido con un impecable traje gris marengo que contrastaba con el entorno marinero. Detrás, con un moño gris perfectamente peinado pero desmoronándose por la tensión, su madre, Florencia, contenía el aliento con las manos entrelazadas.

—Firma los papeles de cesión del barco, Olivia. No seas obstinada. Este cascarón de madera ya no te sirve para nada en tu estado —siseó Gonzalo con un tono gélido.
—Este barco era de mi padre, Gonzalo. Prefiero que se hunda en el puerto antes de que tú cobres un solo euro de su venta —respondió Olivia, manteniendo la barbilla en alto a pesar de su debilidad física.
La negativa desató la bestia que Gonzalo ocultaba tras su fachada de caballero. Perdiendo los estribos, se arrodilló bruscamente frente a la silla de ruedas. Con una fuerza desmedida, sujetó el rostro de la joven y comenzó a abofetearla repetidamente. El sonido seco de los golpes resonó en la madera del barco.
—¡Gonzalo, por Dios, detente! ¡La vas a matar! —gritó Florencia, rompiendo a llorar desconsoladamente, incapaz de intervenir por el pánico que le profesaba a su esposo.
Olivia intentaba protegerse con sus manos debilitadas, sintiendo cómo la herida de su cabeza amenazaba con abrirse. De repente, unos pasos apresurados resonaron en la pasarela. Una oficial de la policía portuaria, alertada por los gritos, apareció en escena. Al ver la brutal agresión, la oficial corrió hacia Gonzalo y, con un movimiento rápido y certero, lo tackleó contra la cubierta de madera.
—¡Al suelo! ¡Está arrestado! —exclamó la agente mientras Gonzalo soltaba un sonoro quejido al impactar contra los tablones.
”—exclamó la agente mientras Gonzalo soltaba un sonoro quejido al impactar contra los tablones.