Venganza · Historia

La venganza del estudiante humillado que guardaba un secreto capaz de destruirlo todo

La venganza del estudiante humillado que guardaba un secreto capaz de destruirlo todo — Parte 1
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La gota que colmó el vaso

El ambiente en la cafetería del Instituto Luis Vives era el habitual de un martes por la tarde: el eco de las risas, el chocar de las bandejas y el murmullo constante de los estudiantes. En una mesa apartada, cerca de las taquillas metálicas, se encontraba Diego. Llevaba su clásica sudadera roja con la capucha puesta, intentando aislarse del ruido del entorno mientras tecleaba concentrado en su ordenador portátil. Para él, cada minuto de estudio era vital; se jugaba la beca de excelencia que le permitiría salir del barrio.

De repente, una sombra se proyectó sobre su mesa. Antes de que pudiera levantar la vista, un chorro helado y pegajoso de refresco de cola comenzó a caer directamente sobre su cabeza, empapando su capucha y salpicando la pantalla del ordenador. Las risas de los alumnos de las mesas contiguas se apagaron de golpe, dando paso a un silencio incómodo y tenso.

La venganza del estudiante humillado que guardaba un secreto capaz de destruirlo todo

Detrás de él estaba Borja, el líder indiscutible del equipo de fútbol del instituto, vistiendo su impecable chaqueta deportiva azul y blanca con el escudo oficial. Sostenía la lata vacía con una mueca de satisfacción maligna en el rostro.

¿Qué te pasa, chico? ¿Te ha comido la lengua el gato? —preguntó Borja, buscando la aprobación de sus amigos que observaban desde atrás.

Diego cerró los ojos con fuerza. Sentía el líquido pegajoso correr por su frente y sus mejillas, pero por dentro, una furia silenciosa y fría comenzó a sustituir la humillación. Lentamente, se quitó la capucha, revelando su rostro empapado. Sus ojos, fijos y cargados de una determinación letal, se clavaron en los de su agresor mientras se ponía de pie, superando a Borja en estatura por unos centímetros.

¿Has terminado? —preguntó Diego con una calma que heló la sonrisa de Borja.
Bien —respondió Borja, tratando de mantener su fachada de superioridad y cruzando los brazos.

Diego dio un paso adelante, acortando la distancia entre ambos. Su mirada no flaqueó ni un instante.

Ahora me toca a mí —sentenció con voz baja, pero lo suficientemente clara como para que todos en la cafetería lo escucharan.

Su mirada no flaqueó ni un instante.Ahora me toca a mí —sentenció con voz baja, pero lo suficientemente clara como para que todos en la c…