Un joven huye bajo la lluvia y encuentra al único hombre capaz de salvarlo
El refugio en la tormenta
La lluvia golpeaba con una furia implacable los cristales empañados de la vieja venta de carretera. En el interior, el ambiente era pesado y melancólico, impregnado de una mezcla de humedad, café recién hecho y el murmullo lejano del viento que soplaba con fuerza en el exterior. El suelo de baldosas blancas y negras, desgastado por el paso de las décadas y el constante trajín de viajeros solitarios, reflejaba la luz parpadeante de unos tubos fluorescentes amarillentos. En uno de los reservados de cuero rojo oscuro, Leo apuraba su tercer café de la noche, completamente ajeno al temporal que azotaba la provincia.
De repente, la puerta metálica se abrió de par en par con un estruendo violento que sobresaltó al camarero tras la barra. Un soplo de aire helado y agua entró con fuerza en el local, trayendo consigo a un joven completamente empapado. Era Tobías. Con apenas diecinueve años, el muchacho temblaba de frío y terror, con la capucha de su sudadera verde pegada a la frente por el agua. Sus ojos, enrojecidos y desorbitados, reflejaban un pánico absoluto, el tipo de miedo primario que solo siente quien corre desesperadamente por su propia vida.

Tobías divisó a Leo en el fondo del local. Sin pensarlo un segundo, corrió hacia su reservado, resbalando sobre las baldosas mojadas. Se dejó caer en el banco de madera de enfrente, apoyando sus manos temblorosas sobre la mesa.
Por favor. No dejes que se me lleve.
Las lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia que resbalaban sin cesar por sus mejillas pálidas. Leo no se movió de inmediato. Su mirada gris y experimentada analizó la situación en un instante. En ese preciso momento, unos faros potentes barrieron los cristales del café, proyectando sombras amenazantes en el interior. Leo observó las luces del coche que acababa de detenerse fuera. Con una calma infinita, dejó la taza sobre el plato y clavó su mirada en el joven.
Siéntate. Cuéntame qué ha pasado.
”Con una calma infinita, dejó la taza sobre el plato y clavó su mirada en el joven.Siéntate. Cuéntame qué ha pasado.