Mi padre coronel derribó la puerta para salvarme de mi prometido
La atmósfera en el pequeño apartamento de la calle Mayor era asfixiante. Las cajas de mudanza, amontonadas a medio precintar por todo el salón, daban testimonio de una huida apresurada que Claudia no terminaba de comprender. En el centro de aquella desolación, Jacobo, con una venda blanca cruzada sobre la frente y la mirada desquiciada, se alzaba como una sombra amenazante sobre ella.
Una trampa entre cajas de cartón
Claudia, de rodillas sobre la alfombra, lloraba desconsolada, sintiendo el frío del pánico recorrer su espalda. Jacobo, fuera de sí, le gritaba con una violencia inusitada:

¡Cállate! ¡Te dije que guardaras silencio!
—¡Para, por favor, no más! —suplicó Claudia, encogiéndose de miedo mientras intentaba inútilmente protegerse con los brazos.
En ese instante de terror absoluto, la puerta del pasillo se abrió de golpe con un estruendo ensordecedor. El coronel Vega, un hombre de semblante severo y uniforme militar impecable, irrumpió en la habitación como un torbellino de autoridad.
¡Aléjate de ella!
El coronel se abalanzó sobre Jacobo con la rapidez de un soldado en combate. Jacobo, sorprendido por la violenta irrupción, intentó zafarse con desesperación.
¡Uf! ¡Suéltame!
Pero la fuerza del experimentado oficial era implacable. Con un movimiento preciso, el coronel Vega tackleó a Jacobo contra el suelo, sometiéndolo bajo su peso y neutralizando cualquier intento de resistencia.
¡Al suelo! Estás detenido.
Claudia contemplaba la escena sin aliento, con el corazón desbocado, incapaz de asimilar que su propio padre acababa de derribar la puerta de su hogar para salvarla de una pesadilla que apenas comenzaba a revelarse.
”Estás detenido.Claudia contemplaba la escena sin aliento, con el corazón desbocado, incapaz de asimilar que su propio padre acababa de de…