Traición · Ficción breve

Regresó de su misión militar antes de tiempo y descubrió la peor traición

Regresó de su misión militar antes de tiempo y descubrió la peor traición — Parte 1
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Un regreso inesperado

El sargento Nicolás Luca arrastró sus cansadas botas de combate por el camino de entrada de su hogar. El uniforme digital de campaña todavía conservaba el olor a desierto, polvo y sudor de los últimos ocho meses en el extranjero. Su hombro derecho resentía el peso de la pesada mochila verde militar, pero la adrenalina de la sorpresa mitigaba cualquier rastro de fatiga física. Había soñado con este momento exacto durante doscientos cuarenta días de frío extremo y ruidos de artillería lejana: abrir la puerta de su casa y ver la sonrisa de su esposa Elena.

Sacó las llaves del bolsillo y abrió la puerta con extremo cuidado, deseando que el crujido de la madera no arruinara la sorpresa. La sala de estar estaba inundada por una cálida luz solar que se filtraba a través de las ventanas de marco blanco, iluminando los relucientes pisos de madera de roble claro. Dejó caer su bolso militar al suelo con un golpe sordo, pero el sonido pareció perderse en el aire. El ambiente se sentía inusualmente denso.

Regresó de su misión militar antes de tiempo y descubrió la peor traición

Al asomarme a la sala, la respiración se le cortó en la garganta. Elena estaba sentada en el sofá beige, pero no estaba sola. A su lado, con una cercanía alarmante y el brazo apoyado con naturalidad sobre el respaldo del sofá, se encontraba Javier, el mejor amigo de Nicolás. El mundo pareció detenerse. La mirada de Nicolás saltó del brazo de su amigo al rostro de su esposa, procesando la escena con una dolorosa lentitud.

Elena se levantó de golpe, con las mejillas pálidas y las manos temblorosas levantadas a medias, en un gesto de autodefensa y pánico absoluto. Javier permaneció sentado, mirándolo con una calma gélida que resultaba casi insultante.

—Nicolás... puedo explicarlo. No es lo que parece —balbuceó Elena con una voz quebrada y angustiada.

Nicolás no pudo articular palabra alguna. El silencio que siguió fue más ruidoso que cualquier bomba que hubiera escuchado en el frente.

El silencio que siguió fue más ruidoso que cualquier bomba que hubiera escuchado en el frente.