Venganza · Ficción breve

El secreto detrás de la moto rota que cambió el destino de Lucía para siempre

El secreto detrás de la moto rota que cambió el destino de Lucía para siempre — Parte 1
Imagen del vídeo original

Un encuentro inesperado en la ruta

Lucía caminaba con paso firme pero con el corazón latiendo a mil por hora por el pasillo de aquella vieja cafetería de carretera. El suelo de baldosas de ajedrez amortiguaba el sonido de sus pasos, pero la tensión en el aire era casi palpable. Vestida con una sudadera morada que contrastaba con la tenue luz del lugar, se dirigió directamente hacia la mesa del fondo, donde un grupo de hombres corpulentos bebía en silencio. En el centro de todos ellos estaba Martín, un motero imponente, de barba tupida y brazos cubiertos de tatuajes que contaban historias de mil batallas en el asfalto.

A pocos metros de allí, Leo, un joven cliente habitual que disfrutaba de una hamburguesa grasienta en uno de los desgastados bancos amarillos, observaba la escena con los ojos abiertos de par en par. Sabía que en ese local solían ocurrir cosas extrañas, pero la determinación en el rostro de la joven rubia presagiaba algo diferente. Lucía se detuvo frente a Martín, se inclinó hacia él y, acortando toda distancia física, pegó su frente a la del gigante. El silencio en la cafetería se volvió absoluto.

El secreto detrás de la moto rota que cambió el destino de Lucía para siempre
—Ya sabes lo que tienes que hacer. Ahora mismo. Sin dudar —susurró Lucía, con una voz cargada de una frialdad que helaba la sangre.

Martín la sostuvo con la mirada durante un segundo eterno, evaluando la resolución en sus ojos claros. Finalmente, un gruñido ronco escapó de su garganta.

—Rómpelo —ordenó Martín, dando una señal clara a su banda.

Al instante, el grupo de moteros se levantó al unísono, haciendo rechinar las sillas contra el suelo. Leo, tragando saliva con dificultad, murmuró para sí mismo:

—Uf, eso no pinta bien.

La banda salió decidida hacia el aparcamiento exterior, donde el destino de todos estaba a punto de decidirse bajo el cielo encapotado de la tarde.

Leo, tragando saliva con dificultad, murmuró para sí mismo:—Uf, eso no pinta bien.La banda salió decidida hacia el aparcamiento exterior,…