Traición · Ficción breve

El regreso de mi prometido militar me salvó de una cuidadora despiadada

El regreso de mi prometido militar me salvó de una cuidadora despiadada — Parte 1
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Una tarde de terror bajo el sol de Madrid

El sol de la tarde caía con fuerza sobre el pavimento del patio trasero de la casa adosada en las afueras de Madrid. Para cualquiera que mirara desde lejos, parecía una estampa idílica de verano. Sin embargo, detrás de los muros de piedra, se desarrollaba un drama silencioso y cruel. Claudia, una joven de veintiséis años con una melena pelirroja que solía brillar con vida, se encontraba ahora tirada en el suelo de hormigón, llorando desconsoladamente al lado de su silla de ruedas volcada.

Sobre ella, con una postura rígida y una mirada desprovista de cualquier rastro de empatía humana, se alzaba Alba. Vestida con su uniforme médico de color azul, la supuesta cuidadora profesional no hizo el menor intento de ayudar a la joven a levantarse. En su lugar, la observó con un desprecio infinito y, con una voz cargada de veneno, le gritó:

El regreso de mi prometido militar me salvó de una cuidadora despiadada
—Cuídate.

Alba se dio la vuelta con agresividad, dispuesta a entrar a la casa y dejar a Claudia abandonada a su suerte bajo el sol abrasador. Pero el destino tenía otros planes. Antes de que pudiera dar un paso más, la puerta del jardín se abrió de golpe. David, el prometido de Claudia, irrumpió en la escena. Vestía su uniforme de gala azul oscuro del ejército de tierra, recién llegado de una larga y peligrosa misión internacional.

Al ver a su amada en el suelo, la rabia se apoderó de él. Con la velocidad de un rayo, David corrió hacia Alba y, con un empujón firme y decidido, la apartó hacia el césped. Se arrodilló de inmediato al lado de Claudia, ignorando el polvo que manchaba su uniforme impecable.

—Estoy aquí, mi amor. Ya estoy aquí, no temas —susurró David, estrechándola contra su pecho protector.

Claudia se aferró a él como si fuera su único salvavidas en medio de una tormenta perfecta, mientras las lágrimas de alivio humedecían los hombros de su prometido.

Ya estoy aquí, no temas —susurró David, estrechándola contra su pecho protector.Claudia se aferró a él como si fuera su único salvavidas…