Un pandillero humilló a un anciano indefenso sin imaginar quién respondería al teléfono
Un encuentro tenso en la cafetería
El aroma a café recién hecho y el suave murmullo de los ventiladores de techo apenas lograban disipar la tensión que flotaba en el aire de aquella clásica cafetería. Don Aurelio, un hombre de setenta años con una impecable chaqueta azul marino y una barba blanca que denotaba años de experiencia y sabiduría, permanecía sentado en una de las cabinas de vinilo azul. Ante él, una sencilla taza de café humeante descansaba sobre la mesa cromada. Sus manos, tranquilas y entrelazadas, no mostraban el menor rastro de preocupación, a pesar de que el ambiente festivo del lugar se había desvanecido por completo.
La puerta del establecimiento se abrió de golpe, permitiendo la entrada de un grupo de motociclistas que vestían chalecos de cuero oscuro con el emblema de "AVERRIS". A la cabeza del grupo caminaba Ramiro, un hombre robusto de unos cuarenta años, cuya actitud arrogante y sonrisa burlona buscaban intimidar a cualquiera que se cruzara en su camino. Con un bastón de madera de mango curvo en la mano, Ramiro se acercó directamente a la mesa de Don Aurelio, buscando un blanco fácil para demostrar su poder ante sus subordinados.

“¿Qué pasa, viejo? Soy yo. Tráelos”, siseó Ramiro con un tono cargado de desprecio y burla.
Don Aurelio levantó la mirada lentamente, sosteniendo el contacto visual con una serenidad imperturbable que desconcertó al provocador. Molesto por la falta de miedo del anciano, Ramiro levantó su bastón con un movimiento rápido y certero, golpeando la taza de café. El objeto salió despedido, estrellándose contra el suelo de baldosas beige y esparciendo trozos de cerámica y líquido oscuro por doquier. Los motociclistas estallaron en risas, celebrando la aparente victoria de su compañero. Sin embargo, Don Aurelio ni siquiera parpadeó. Con una calma gélida, metió la mano en su chaqueta, extrajo un teléfono móvil negro y marcó un número privado.
”Con una calma gélida, metió la mano en su chaqueta, extrajo un teléfono móvil negro y marcó un número privado.