Secretos de familia · Ficción breve

Mi hermana escapó de prisión para romper el ataúd de nuestra madre con un hacha

Mi hermana escapó de prisión para romper el ataúd de nuestra madre con un hacha — Parte 1
Imagen del vídeo original

El funeral interrumpido

El ambiente en la capilla del tanatorio de San José era asfixiante. El olor a flores frescas y cera quemada se mezclaba con el dolor silencioso de los presentes. Roberto, vestido con un traje negro impecable, mantenía la mirada fija en el ataúd blanco de su madre, doña Sofía. A su lado, su tía Carmen lloraba desconsolada, enjugándose las lágrimas con un pañuelo de seda. Todo parecía seguir el triste protocolo de una despedida definitiva, hasta que un estruendo violento hizo eco en el pasillo exterior.

Las pesadas puertas de madera de la capilla se abrieron de golpe, golpeando las paredes con fuerza. Los murmullos cesaron al instante. En el umbral de la puerta se encontraba Emilia, la hermana menor de Roberto, a quien todos creían bajo estricta custodia en la prisión provincial. Llevaba el chándal gris reglamentario de los reclusos, manchado de barro, y su cabello rubio estaba completamente enmarañado. Pero lo que congeló la sangre de los asistentes fue el hacha de cortar leña que sostenía firmemente entre sus manos temblorosas.

Mi hermana escapó de prisión para romper el ataúd de nuestra madre con un hacha
—¡Espera! —gritó Emilia con una voz rota por la desesperación, mientras corría a toda velocidad hacia el altar.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Emilia levantó el hacha y la descargó con violencia implacable sobre la tapa del ataúd de madera blanca. El impacto fue seco y ensordecedor, astillando la superficie lacada. Los invitados gritaron horrorizados, retrocediendo en tropel hacia las paredes de la sala. Carmen se llevó las manos al rostro, petrificada por la escena.

—¡¿Te has vuelto loca?! —bramó Roberto con una mezcla de furia y pánico, abalanzándose sobre su hermana para arrebatarle el arma.
—¡No está muerta! ¡La oí, Roberto! ¡La oí arañar desde dentro! —gritó Emilia histérica, con lágrimas cayendo por sus mejillas cansadas.

Roberto forcejeó con ella, pero de repente, un sonido heló el aire de la capilla. Desde el interior de la caja astillada, se escuchó un golpe sordo y rítmico. Roberto se quedó paralizado, soltando el hacha lentamente. Se inclinó sobre la madera agrietada, con los ojos desorbitados por la incredulidad.

—¿Has oído eso? —susurró Roberto en un hilo de voz, mientras el golpe volvía a repetirse desde el fondo del ataúd.

—susurró Roberto en un hilo de voz, mientras el golpe volvía a repetirse desde el fondo del ataúd.