Traición · Ficción breve

Mi hermano me arrojó al mar desde nuestro yate, pero un policía cambió mi destino

Mi hermano me arrojó al mar desde nuestro yate, pero un policía cambió mi destino — Parte 1
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La traición en alta mar

El sol apenas lograba abrirse paso entre las densas nubes grises que cubrían el cielo de la costa de Alicante. Sobre la lujosa cubierta de madera del yate de la familia, el silencio era tan espeso que casi podía cortarse. Esteban, un condecorado veterano de la marina española, permanecía inmóvil en su silla de ruedas, sintiendo la brisa marina golpear su rostro cansado. A su lado, su madre, Marta, una mujer de cabello canoso y mirada rota, no dejaba de sollozar, limpiándose las lágrimas con un pañuelo de seda.

La tensión alcanzó su punto de ebullición cuando Ricardo, el hermano mayor de Esteban, se acercó con paso firme. Vestido con un impecable traje azul marino que contrastaba con la crudeza del momento, Ricardo reflejaba una frialdad absoluta en sus ojos. No había rastro de compasión en su rostro, solo una ambición desmedida que lo había consumido desde la muerte de su padre.

Mi hermano me arrojó al mar desde nuestro yate, pero un policía cambió mi destino
"No eres más que un estorbo para esta familia, Esteban. Te quedaste con la mitad de lo que me pertenece por derecho, y ya es hora de corregir ese error", siseó Ricardo con desprecio.

Antes de que Esteban pudiera responder, Ricardo avanzó con violencia. En un acto de pura crueldad, levantó la pierna y pateó con fuerza a su propio hermano, derribándolo de la silla de ruedas. Esteban cayó pesadamente sobre la cubierta, incapaz de defenderse debido a sus heridas de combate. Marta ahogó un grito de terror, cubriéndose el rostro ante la brutalidad de su hijo mayor.

Sin embargo, la impunidad de Ricardo duró apenas unos segundos. De la nada, el oficial García, un respetado policía de la zona que sospechaba de las intenciones de Ricardo, irrumpió en la cubierta. Con sus gafas de sol oscuras y una expresión de pura furia, García no dudó. Se lanzó sobre Ricardo, conectando un golpe certero en su mandíbula que lo hizo tambalearse. Tras un breve pero intenso forcejeo físico, el oficial levantó a Ricardo y, con un movimiento ágil, lo arrojó por encima de la barandilla hacia las profundidades del mar.

Tras un breve pero intenso forcejeo físico, el oficial levantó a Ricardo y, con un movimiento ágil, lo arrojó por encima de la barandilla…