Traición · Ficción breve

La verdad tras el asalto en mi boda destruyó a mi familia para siempre

La verdad tras el asalto en mi boda destruyó a mi familia para siempre — Parte 1
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El salón de recepciones del Palacio de Galiana, en Toledo, lucía impecable bajo la luz dorada del atardecer. Valeria contemplaba el reflejo de su vestido de seda blanca, sintiendo que finalmente había encontrado la paz tras años de dolor. A su lado, Mateo, impecable en su esmoquin negro, le sonreía con una ternura que derretía cualquier duda. Los invitados reían, las copas de champán tintineaban y el aroma a azahar llenaba el aire de una promesa de felicidad eterna. Sin embargo, el destino tenía preparado un guion muy diferente para esa tarde.

La irrupción del caos

De repente, el estruendo de los ventanales traseros al romperse hizo eco en la inmensa sala. El pánico se apoderó del lugar en un suspiro. Tres hombres vestidos con trajes tácticos negros y máscaras militares irrumpieron con una violencia ensordecedora. Uno de ellos, empuñando un sable táctico de hoja oscura, se abalanzó directamente hacia Mateo. Los invitados gritaron horrorizados mientras el caos se desataba entre las mesas de gala.

La verdad tras el asalto en mi boda destruyó a mi familia para siempre

Valeria, lejos de paralizarse, sintió cómo el entrenamiento que su padre le había impuesto durante su juventud se activaba como un resorte adormecido. Abrió las piernas en una postura de combate sólida, ignorando el peso de su cola de encaje. Cuando el primer atacante lanzó un tajo descendente hacia el pecho de su prometido, Valeria reaccionó con la velocidad del rayo. Empujó a Mateo fuera de la trayectoria del arma, provocando que él tropezara dramáticamente y cayera de bruces contra el suelo de mármol, aparentemente inconsciente.

Sola frente a la amenaza, Valeria esquivó un golpe directo con un sutil movimiento de cadera, aprovechando la gran abertura lateral de su falda para ganar movilidad. Con un grito de guerra que silenció el llanto de sus damas de honor, lanzó una patada giratoria ascendente. El tacón de aguja de su zapato derecho impactó con una precisión quirúrgica en el visor de cristal templado del atacante principal, haciéndolo añicos. El mercenario salió despedido hacia atrás, chocando contra la mesa presidencial y esparciendo una lluvia de cristales brillantes sobre la alfombra roja, mientras los pocos invitados que aún observaban vitoreaban la inesperada hazaña de la novia.

El mercenario salió despedido hacia atrás, chocando contra la mesa presidencial y esparciendo una lluvia de cristales brillantes sobre la…