El secreto en las alturas: la caída que casi me arrebata la vida
El abismo en las alturas
El rugido ensordecedor de las hélices del helicóptero cortaba el aire puro de la costa mediterránea. Jimena, con su vestido floral lavanda ondeando violentamente bajo la corriente de aire, se aferraba con desesperación al borde metálico de la aeronave. Bajo sus pies, el océano se extendía como un manto turquesa infinito, hermoso pero mortal desde aquella altitud. La brisa salada golpeaba su rostro mientras contemplaba la inmensidad del agua, sabiendo que a esa altura, el impacto sería equivalente a chocar contra el asfalto. Su embarazo de cinco meses hacía que cada segundo de tensión fuera una tortura doble, temiendo más por la vida de su futuro hijo que por la suya propia.
Marcos, vestido con un impecable traje negro que contrastaba con la desesperación de la escena, estaba arrodillado justo detrás de ella. Para cualquier observador externo, parecía un esposo aterrorizado intentando rescatar a su mujer en medio de un trágico accidente. Sin embargo, Jimena conocía la verdad. Segundos antes, él la había empujado deliberadamente hacia el vacío tras descubrir que ella no cedería el control de la fortuna familiar.

—¡Por favor, Marcos! ¡Ayúdame! ¡Piensa en nuestro hijo! —gritó Jimena, con la voz rota por el llanto y el esfuerzo de mantener el agarre en el patín de aterrizaje.
El metal resbaladizo comenzó a escaparse de sus dedos entumecidos. Marcos fingió estirarse para alcanzarla, soltando un grito desgarrador que resonó en la cabina:
—¡No! ¡Jimena, aguanta!
Pero sus manos nunca llegaron a encontrarse. Con una última mirada de fría indiferencia camuflada de horror, Marcos observó cómo los dedos de Jimena se deslizaban definitivamente. El cuerpo de la joven embarazada cayó al vacío, un punto lavanda descendiendo a gran velocidad hacia el mar soleado, mientras el eco de sus gritos se perdía en la inmensidad del viento.
”El cuerpo de la joven embarazada cayó al vacío, un punto lavanda descendiendo a gran velocidad hacia el mar soleado, mientras el eco de s…