Traición · Ficción breve

El regreso inesperado de un soldado salva a su abuela de una nuera despiadada

El regreso inesperado de un soldado salva a su abuela de una nuera despiadada — Parte 1
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El amargo regreso del frente

El sol de la tarde caía con una luz dorada sobre los muros de piedra de la antigua casona familiar en Segovia. Rubén, vestido aún con el uniforme de campaña militar del ejército español, avanzaba en silencio por el camino principal. Había regresado de su misión en el extranjero tres meses antes de lo previsto, ansioso por abrazar a su abuela Margarita, la mujer que lo había criado con infinito amor. Sin embargo, un silencio sepulcral rodeaba la propiedad, roto únicamente por un murmullo tenso que provenía del patio trasero.

Al doblar la esquina del jardín, el corazón de Rubén se detuvo. Su esposa, Raquel, vestida con un elegante traje de color granate, gritaba con desprecio mientras sujetaba con fuerza el cabello canoso de Margarita. La anciana, atrapada en su silla de ruedas rosa pastel, temblaba desamparada.

«¡Ah, para, por favor! ¡Me estás haciendo daño!»
suplicó la anciana con lágrimas en los ojos. Sin un ápice de compasión, Raquel tiró con más saña y, con un empujón brutal, volcó la silla de ruedas, arrojando a Margarita directamente contra el duro pavimento de piedra.

El regreso inesperado de un soldado salva a su abuela de una nuera despiadada

La visión de su abuela tirada en el suelo desató una furia incontrolable en el soldado.

«¡Monstruo!»
rugió Rubén con una voz que hizo eco en las paredes del patio. Corriendo a toda velocidad, se abalancó sobre Raquel, derribándola al suelo en un movimiento rápido y certero. Raquel soltó un alarido de terror al verse sometida.
««¡No! ¡Suéltame!»»
chilló desesperada. Rubén, con los ojos inyectados en sangre, pisoteó con rabia el bolso de Raquel y los papeles que se habían esparcido.
«¡Esto es por ella! ¡Por cada lágrima que le has hecho derramar!»
exclamó con el pecho agitado por la indignación.

¡Por cada lágrima que le has hecho derramar!» exclamó con el pecho agitado por la indignación.