Traición · Ficción breve

Mi esposo me agredió embarazada y mi madre militar le dio una lección inolvidable

Mi esposo me agredió embarazada y mi madre militar le dio una lección inolvidable — Parte 1
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Un regreso a casa ensombrecido por la crueldad

El sol de la tarde madrileña se filtraba perezosamente por los ventanales del acogedor salón, pero dentro de la vivienda no había rastro de calidez. Samanta, con ocho meses de embarazo, cruzó el umbral arrastrando los pies tras una agotadora jornada de compras y revisiones médicas. Sus manos temblaban mientras sostenía dos pesadas bolsas de supermercado. El peso de su vientre le dificultaba cada paso, y lo único que anhelaba era un momento de descanso y un poco de empatía por parte de su esposo.

Iván, sin embargo, estaba recostado en el sofá, completamente ajeno al esfuerzo de su mujer. Al verla entrar, su mirada no reflejó preocupación, sino un profundo fastidio. Cuando Samanta le pidió ayuda con un hilo de voz, el ambiente se tensó de inmediato. Iván se levantó con brusquedad, impulsado por una ira irracional que llevaba meses cultivando bajo el techo familiar.

Mi esposo me agredió embarazada y mi madre militar le dio una lección inolvidable
—¡No, por favor, no! —sollozó Samanta mientras caía pesadamente sobre el suelo de madera, tras recibir un cobarde empujón por parte de su esposo.

Las bolsas se rompieron, esparciendo frutas y víveres por toda la estancia. Tirada en el suelo, rota de dolor y protegiendo desesperadamente su vientre, Samanta sintió un pánico absoluto. Iván, lejos de mostrar arrepentimiento, se limitó a observarla desde arriba con una frialdad inhumana.

—Ponte a trabajar. El embarazo no es una enfermedad —escupió él, dándole la espalda sin importarle el sufrimiento de la mujer que decía amar.

El llanto de Samanta se intensificó al sentir una punzada aguda en el vientre. Su camiseta comenzó a mancharse de un líquido tibio, señal inequívoca de que algo andaba muy mal.

—¡Me duele muchísimo! —gritó con desesperación, temiendo por la vida de su bebé.

Fue en ese preciso instante cuando la puerta del pasillo se abrió de golpe. Marta, la madre de Samanta y capitana del ejército español, irrumpió en la sala. Al presenciar la escena, el rostro de la experimentada militar se transformó en pura furia. Sin mediar palabra, avanzó con paso firme y letal.

—¡Imbécil! —rugió Marta antes de lanzar un puñetazo devastador que envió a Iván directamente contra la pared de yeso.

—rugió Marta antes de lanzar un puñetazo devastador que envió a Iván directamente contra la pared de yeso.