Amor y pérdida · Ficción breve

Creí que mi esposa militar nos había abandonado, hasta que abordé aquel fatídico vuelo

Creí que mi esposa militar nos había abandonado, hasta que abordé aquel fatídico vuelo — Parte 1
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Un reencuentro inesperado a miles de metros de altura

El zumbido constante de los motores del avión no lograba apagar el torbellino de pensamientos que atormentaba a Alejandro. Sosteniendo a su pequeño hijo Lucas de apenas nueve meses, sentía que el peso del mundo entero descansaba sobre sus hombros. Hacía medio año que su vida se había desmoronado cuando su esposa, Valeria, una respetada oficial de la aviación militar española, desapareció sin dejar más rastro que una fría nota de despedida en la que afirmaba preferir su carrera sobre su familia. Desde entonces, Alejandro había tenido que aprender a ser padre y madre en una dolorosa soledad.

Aquel vuelo con destino a Madrid era su último recurso para intentar reconstruir los pedazos de su existencia. Sin embargo, la tranquilidad del viaje se vio interrumpida por una molestia constante. Alguien en la fila trasera no dejaba de dar patadas rítmicas a su asiento, desestabilizando al pequeño Lucas, que comenzaba a quejarse en sus brazos. Alejandro, agotado por la falta de sueño y la tensión acumulada, suspiró con frustración profunda.

Creí que mi esposa militar nos había abandonado, hasta que abordé aquel fatídico vuelo

Al notar su evidente incomodidad, Clara, una de las auxiliares de vuelo, se acercó con amabilidad y le colocó una mano reconfortante en el hombro.

¿En qué puedo ayudarle, señor?

Preguntó la azafata con una sonrisa profesional pero genuina. Alejandro, señalando con el dedo hacia atrás sin ocultar su irritación, respondió en voz alta:

La mujer de detrás no para de dar patadas a nuestros asientos y está asustando a mi hijo.

Decidido a confrontar a la persona desconsiderada, Alejandro se giró con brusquedad en su asiento. Pero las palabras de reclamo que tenía preparadas se congelaron en su garganta. Sentada justo detrás de él, vistiendo su uniforme de vuelo militar color arena y con lágrimas corriendo por sus mejillas, estaba Valeria. La misma mujer que lo había abandonado, la madre de su hijo, lo miraba con una mezcla de infinito dolor y desesperación. Al verlos, Valeria sollozó y se desabrochó el cinturón, poniéndose de pie en medio de la cabina ante la mirada atónita de los pasajeros.

Al verlos, Valeria sollozó y se desabrochó el cinturón, poniéndose de pie en medio de la cabina ante la mirada atónita de los pasajeros.