Traición · Ficción breve

Mi jefe intentó destruirme para ocultar su estafa pero una compañera me salvó

Mi jefe intentó destruirme para ocultar su estafa pero una compañera me salvó — Parte 1
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El violento secreto de la planta treinta y dos

La planta treinta y dos de las Torres de la Castellana solía ser el epicentro del éxito financiero en Madrid. Sin embargo, al atardecer de aquel fatídico martes, se convirtió en el escenario de una pesadilla. Clara, una brillante analista financiera de treinta años, temblaba frente al escritorio de su jefe, Arturo. En sus manos sostenía un informe impreso que detallaba un desfalco millonario. Las pruebas eran irrefutables: Arturo había desviado fondos de clientes hacia cuentas privadas en el extranjero.

—Esto es el fin de tu carrera, Arturo. Mañana a primera hora presentaré estos documentos ante el comité de auditoría —dijo Clara, intentando mantener la firmeza en su voz a pesar del pánico que la atenazaba.

Arturo, un hombre elegante de mediana edad vestido con un costoso traje gris marengo, no mostró temor. Su rostro se desfiguró en una mueca de rabia incontrolable. En un movimiento rápido y brutal, cruzó el espacio que los separaba. Agarró a Clara del cabello rubio con una fuerza salvaje, ignorando sus gritos de dolor. Con una frialdad espeluznante, la arrastró y estampó su cabeza contra la mesa de cristal templado de su despacho.

Mi jefe intentó destruirme para ocultar su estafa pero una compañera me salvó

El vidrio se rompió en mil pedazos con un estruendo que resonó en toda la planta vacía. Clara cayó de rodillas, con la frente ensangrentada y la visión borrosa. Arturo se dispuso a golpearla de nuevo, decidido a silenciarla para siempre. Pero no contaba con que alguien más seguía en el edificio.

De repente, Sara, una administrativa del departamento que vestía su chaleco corporativo, irrumpió en el despacho. Al ver la agresión, corrió con una velocidad increíble y, con un salto espectacular, propinó una tremenda patada voladora al pecho de Arturo. El hombre salió despedido hacia atrás, chocando contra los archivadores y cayendo al suelo, dándoles a las dos mujeres unos segundos vitales de tregua.

El hombre salió despedido hacia atrás, chocando contra los archivadores y cayendo al suelo, dándoles a las dos mujeres unos segundos vita…