La oscura traición en alta mar que casi me cuesta la vida
El misterio en la cabina de mando
El silencio de la noche en alta mar solo era interrumpido por el suave zumbido de los motores del Alba, un majestuoso superyate de lujo. En la cabina de control, rodeada de paneles de madera noble y pantallas de navegación que emitían un brillo azulado, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Antonio, el jefe de seguridad de la embarcación, observaba fijamente a Mateo, uno de los jóvenes técnicos de la tripulación. El muchacho respiraba agitadamente, con los dedos suspendidos sobre el teclado táctil del sistema de navegación principal.
—No toques ese sistema—, advirtió Antonio con voz firme, mientras avanzaba con determinación y sujetaba el brazo del joven con fuerza. El agarre era una advertencia clara, pero Mateo no se amedrentó. Sus ojos reflejaban un pánico profundo, una desesperación que Antonio rara vez había visto en alta mar.
Sin decir una palabra, Mateo utilizó su mano libre para teclear rápidamente un código de acceso encriptado en la consola. Un pitido agudo confirmó que el comando había sido ejecutado. Justo en ese instante, la puerta de la cabina se deslizó suavemente. Don Alejandro, el acaudalado propietario del yate, entró en la sala vistiendo su impecable blazer blanco. Su presencia emanaba una autoridad fría y calculadora.
¿Ocurre algo malo con la ruta, Antonio?
preguntó Alejandro, entornando los ojos mientras miraba alternativamente al jefe de seguridad y al tembloroso técnico.
Antonio sintió que el corazón le daba un vuelco. Miró la pantalla de control, donde una serie de coordenadas desconocidas acababan de bloquearse bajo un protocolo de alta seguridad. Con un esfuerzo supremo por mantener la calma, soltó el brazo de Mateo y se volvió hacia su jefe con una expresión impasible.
—Nada de qué preocuparse, señor. Solo estábamos verificando una fluctuación en los sistemas de geolocalización antes de entrar en aguas profundas—, mintió Antonio, sintiendo un frío inexplicable en la boca del estómago al ver la gélida sonrisa que se dibujó en el rostro de Alejandro.
”Solo estábamos verificando una fluctuación en los sistemas de geolocalización antes de entrar en aguas profundas—, mintió Antonio, sintie…