Secretos de familia · Historia

Un extraño me abrazó en el aeropuerto para salvarse, pero el peligro era mío

Un extraño me abrazó en el aeropuerto para salvarse, pero el peligro era mío — Parte 1
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Un encuentro inesperado en la terminal

El crepúsculo caía sobre el aeropuerto de Madrid-Barajas, tiñendo los enormes ventanales de un tono púrpura y anaranjado que contrastaba con el frío metal de la terminal. Julián, un hombre de casi cuarenta años que vestía una chaqueta verde militar, esperaba pacientemente su vuelo de regreso a Valencia sentado en uno de los bancos de la zona de embarque. Para él, era un viaje más de negocios, una rutina gris que utilizaba para escapar de los fantasmas del pasado que aún atormentaban su mente.

De repente, la calma de la terminal se rompió. Un joven de unos veintiún años, vestido con una sudadera gris oscura y cargando una pesada mochila, avanzaba a toda prisa entre la multitud. Sus pasos eran erráticos y su mirada reflejaba un pánico absoluto. Al ver a Julián, el joven no dudó: se desvió rápidamente y se arrojó prácticamente a sus pies, aferrándose a su brazo con una fuerza desesperada.

Un extraño me abrazó en el aeropuerto para salvarse, pero el peligro era mío
—Por favor, finge que me conoces —le suplicó el muchacho con la voz rota por el terror.

Julián se quedó helado. Al levantar la vista para comprender qué ocurría, divisó a unos cincuenta metros a un hombre de cazadora negra que los observaba con una fijeza depredadora. Por puro instinto de protección, Julián rodeó al joven en un fuerte abrazo, tratando de aparentar un reencuentro familiar para despistar al perseguidor. Mientras lo estrechaba contra su pecho, miró por encima de su hombro al misterioso hombre.

—Quédate conmigo y no reacciones —le susurró Julián, intentando transmitirle una seguridad que él mismo estaba perdiendo.

Fue en ese instante cuando el joven se tensó aún más y, con un hilo de voz que heló la sangre de Julián, murmuró la verdad más aterradora de la noche:

—No me está siguiendo a mí. Te está esperando a ti.

Mientras lo estrechaba contra su pecho, miró por encima de su hombro al misterioso hombre.—Quédate conmigo y no reacc…