El secreto del guardapelo plateado que mi madre intentó ocultarme para siempre
Una melodía del pasado
El gran salón de la mansión de los Aldama en Madrid resplandecía bajo la luz de los candelabros de plata. Era la cena de celebración del setenta cumpleaños de doña Clara, una mujer cuya elegancia solo era superada por su frío temperamento. Sentado al otro extremo de la mesa, su hijo Roberto, vestido con un impecable traje de tweed marrón, observaba a su pequeña hija Lucía. La niña, de hermosos rizos pelirrojos, jugaba distraídamente con un antiguo guardapelo plateado que colgaba de su cuello.
Entre el personal de servicio contratado para la ocasión se encontraba Elena, una camarera de cabello castaño y mirada esquiva que vestía un chaleco gris oscuro. Intentaba pasar desapercibida, pero una prominente cicatriz de quemadura en su cuello delataba un pasado doloroso. Al acercarse a servir la sopa, el guardapelo de Lucía se deslizó de sus manos y cayó al suelo, abriéndose al impactar contra la alfombra.

De repente, una delicada melodía comenzó a brotar del pequeño objeto. Elena se quedó completamente petrificada, con los ojos fijos en el suelo. Lucía, al recoger el guardapelo, alzó la vista y miró fijamente a la camarera. Un grito ahogado escapó de la garganta de la niña.
¡Papá! Su canción está dentro de mi... ¡de mi collar!
Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Lucía. Roberto se levantó de inmediato, con el corazón latiéndole con fuerza. En ese instante, doña Clara se puso en pie, golpeando la mesa con indignación.
¡Esa mujer nos robó! ¡Seguridad, échenla de mi casa!
Sin embargo, Roberto no escuchaba a su madre. Con manos temblorosas, abrió su cartera y extrajo una vieja fotografía de una mujer en una cama de la unidad de quemados. Al mirar a Elena y luego la foto, un susurro tembloroso escapó de sus labios: ¿La madre de Olivia estaba viva?
”Al mirar a Elena y luego la foto, un susurro tembloroso escapó de sus labios: ¿La madre de Olivia estaba viva?