Venganza · Historia

La reclusa que desafió a las mafias de la prisión por su libertad

La reclusa que desafió a las mafias de la prisión por su libertad — Parte 1
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La ley del más fuerte

El sol de la tarde caía como plomo derretido sobre el patio de la prisión de alta seguridad de Cruz del Norte. El aire estaba saturado de polvo y tensión. En medio de aquel desierto de cemento y alambre de espino, Lorena ignoraba el calor sofocante. Mantenía la mente fría y el cuerpo tenso, realizando una serie ininterrumpida de flexiones sobre la tierra seca. Su cabello oscuro, recogido en una trenza impecable, rozaba el suelo con cada movimiento. Para ella, el dolor físico no era nada comparado con la injusticia que la mantenía encerrada en ese infierno.

De repente, una sombra masiva se proyectó sobre ella. Antes de que pudiera reaccionar, un torrente de agua helada golpeó su espalda, cortándole la respiración. Era Helga, la temida líder del patio, flanqueada por sus secuaces. Helga sostenía un cubo vacío y la miraba con una sonrisa cargada de malicia.

La reclusa que desafió a las mafias de la prisión por su libertad
—Te daré tres movimientos de ventaja. Aguanta los tres y este sitio será tuyo —desafió Helga con voz ronca.

El patio se quedó en un silencio sepulcral antes de estallar en murmullos. Lorena no dudó. Se levantó de un salto, con los ojos inyectados en rabia pero la mente extrañamente lúcida. Helga lanzó un puñetazo devastador con la fuerza de un martillo, pero la agilidad de Lorena fue superior. Esquivó el impacto inclinando el torso y, aprovechando la inercia, conectó un derechazo fulminante en la mandíbula de la gigante.

El griterío de las reclusas se volvió ensordecedor. «¡Dale una paliza!», bramaba la actitud sedienta de espectáculo. Helga, rugiendo de humillación, se abalanzó sobre Lorena y la aferró del cuello con intenciones asesinas. Sintiendo la falta de aire, Lorena usó su último recurso: flexionó la rodilla y la clavó con precisión quirúrgica en el estómago de su oponente. Helga se dobló de dolor y cayó pesadamente sobre el barro, completamente derrotada. Mientras las reclusas vitoreaban a la nueva campeona, una fría mirada vigilaba desde la torre de control. Carmen, la inspectora jefa, observaba el desenlace con una sonrisa enigmática.

Carmen, la inspectora jefa, observaba el desenlace con una sonrisa enigmática.