El juramento de una capitana para salvar a una mujer de su peor pesadilla
El asalto en la habitación 402
El olor a desinfectante y el pitido rítmico de las máquinas apenas lograban calmar el torbellino de emociones que sacudía el pecho de Emilia. Postrada en la cama del hospital, con un pesado collarín cervical que le impedía mover la cabeza, la joven sentía que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. A su lado, la capitana Jésica, una de las oficiales más respetadas del cuerpo, le sostenía la mano con firmeza. El uniforme azul marino de la capitana representaba la única barrera real entre Emilia y el terror que la perseguía sin descanso.
En la pared de la habitación, una pequeña bandera de España recordaba la solemnidad del deber que Jésica había jurado cumplir: proteger a los ciudadanos desamparados, sin importar el costo de sus acciones personales.

Tranquila, Emilia. Estás a salvo aquí. El hospital está custodiado y ese hombre no volverá a hacerte daño, te lo prometo por mi placa
Sin embargo, la promesa se rompió en mil pedazos en un instante de pura violencia. Desde el pasillo llegó un grito salvaje, seguido por el sonido de pasos apresurados y forcejeos pesados contra las paredes de metal. Antes de que Jésica pudiera reaccionar, la puerta se abrió de golpe.
Sergio, con el rostro desfigurado por una ira psicótica y vistiendo una camiseta gris desgastada, logró zafarse del agarre de un imponente agente del GEO de la Policía Nacional que intentaba retenerlo en el pasillo de urgencias. Con un rugido animal, Sergio esquivó al oficial de élite y se abalanzó directamente sobre la cama de Emilia. Sus dedos se enterraron con saña en el cabello de la joven, tirando de ella hacia atrás y provocándole un grito de dolor agónico.
La reacción de la capitana Jésica fue instantánea y letalmente precisa. Sin vacilar, se interpuso entre el agresor y la víctima, descargando una serie de golpes rápidos al rostro de Sergio, seguidos de una potente patada alta directa al pecho que lo mandó despedido hacia el umbral de la puerta, donde el agente del GEO finalmente logró reducirlo.
”Sin vacilar, se interpuso entre el agresor y la víctima, descargando una serie de golpes rápidos al rostro de Sergio, seguidos de una pot…