La foto arrugada que reveló el oscuro secreto detrás de la desaparición de Lucía
Una extraña pista en la cocina
El silencio dentro de la casa de mi hermana era denso, casi sólido. El viento de la tormenta golpeaba los cristales de la ventana de la cocina, proyectando sombras movedizas sobre las baldosas grises. Sobre la encimera de granito, una cafetera de goteo aún humeaba perezosamente, llenando el aire con un aroma rancio que se mezclaba con el olor a humedad. Junto al fregadero de acero inoxidable, una manzana cortada a la mitad comenzaba a oxidarse sobre una tabla de madera, como si quien la preparaba hubiera tenido que huir de repente.
Fue entonces cuando lo vi. Justo debajo del borde del refrigerador, asomaba un trozo de papel arrugado. Me agaché con el corazón acelerado y lo recogí. Mis dedos, entumecidos por el frío y el miedo, alisaron el papel con cuidado. Era una fotografía de Lucía. Su rostro sonriente parecía burlarse de la pesadilla que yo estaba viviendo. Pero lo que me heló la sangre fue el reverso de la imagen, donde su caligrafía apresurada revelaba un mensaje desesperado: «Él sabe lo del sótano. No confíes en nadie».

Un escalofrío recorrió mi columna. Sostuve la foto con fuerza, arrugándola involuntariamente contra mi palma mientras intentaba procesar el significado de aquellas palabras. De repente, el crujido de una madera en el pasillo me obligó a girar la cabeza. La tensión en mi rostro era evidente; mis ojos escudriñaban la penumbra de la cocina, buscando cualquier movimiento extraño en los rincones oscuros.
— Sí. Tenemos que encontrarla antes de que sea demasiado tarde —susurré para mí mismo, con la voz quebrada por la desesperación.
En ese instante, la puerta principal se abrió de golpe, revelando la silueta empapada de Carlos bajo el marco de la puerta.
”Tenemos que encontrarla antes de que sea demasiado tarde —susurré para mí mismo, con la voz quebrada por la desesperación.En ese instante…