La verdad oculta tras el valioso reloj de oro que destrozó a mi familia
El encuentro inesperado
El aire del salón del hotel Ritz de Madrid estaba impregnado de perfume caro, el tintineo constante de las copas de cristal de Bohemia y murmullos en tonos bajos. Los hombres lucían impecables esmóquines a medida, mientras las mujeres presumían de joyas familiares y vestidos de alta costura que costaban fortunas. En medio de aquella opulencia, Mía avanzaba tímidamente. Su gabardina marrón oscuro contrastaba dolorosamente con la elegancia del lugar, pero sus manos, ocultas en los bolsillos, se aferraban a un propósito mucho mayor que cualquier protocolo social. Su madre, Sofía, había fallecido hacía apenas un mes, y su último deseo había sido claro: devolver un valioso reloj de oro a Arturo Alarcón.
Mientras Mía esquivaba los camareros que transportaban bandejas de champán, una figura elegante se interpuso en su camino. Era Olivia, la hijastra de Arturo, una mujer de una belleza gélida, con el cabello rubio platino recogido en un moño perfecto y un vestido de seda verde esmeralda que acentuaba su porte aristocrático. Olivia miró a Mía con una mezcla de repugnancia y superioridad.

Márchate, por favor.
La voz de Olivia fue un susurro cortante, pero cargado de una autoridad indiscutible. Mía dio un paso atrás, sintiendo que la sangre se le congelaba en las venas.
¿Eh?
Murmuró Mía, confundida. En ese instante de tensión, a pocos metros de distancia, la atmósfera festiva se quebró de golpe. Arturo Alarcón, el patriarca de la familia, abrió con dedos temblorosos el estuche de filigrana de oro que colgaba de su chaleco. Su rostro, habitualmente sereno, se desfiguró por completo al ver el interior vacío. La joya más preciada de su linaje, el reloj que representaba la historia de su familia, ya no estaba en su lugar.
Imposible...
Susurró Arturo en un hilo de voz, aferrándose a la cadena vacía mientras el pánico se apoderaba de él.
”La joya más preciada de su linaje, el reloj que representaba la historia de su familia, ya no estaba en su lugar.Imposible...Susurró Artu…