La traición en el yate que reveló el secreto más oscuro de mi familia
El crujir de la madera y el mar de Vigo
El cielo sobre la ría de Vigo se teñía de un gris plomizo que presagiaba lo peor. El viento del norte soplaba con fuerza, haciendo que la madera del Mar de Esperanza, el yate familiar, crujiera de forma constante. Paul, un condecorado veterano del ejército que utilizaba una silla de ruedas desde su última misión, contemplaba el horizonte con el rostro serio. A su lado, su hermana Dolores, abrigada con un suéter de punto gris, contenía las lágrimas. La tensión familiar había alcanzado un punto de no retorno tras la muerte de su padre y la lectura del testamento.
Enrique, el esposo de Dolores, vestía un impecable traje gris que contrastaba con la atmósfera marinera. Con una frialdad calculada, se arrodilló junto a Paul, fingiendo ofrecerle palabras de consuelo. Sin embargo, lo que murmuró al oído del veterano fue puro veneno:

«Es una pena que un héroe de la patria termine convertido en este estorbo inútil, Paul. Pero no te preocupes, yo me encargaré de todo tu dinero.»
Antes de que Paul pudiera reaccionar, Enrique se puso de pie de un salto y, con una violencia inusitada, le propinó una patada brutal que lo derribó de la silla de ruedas. El veterano cayó pesadamente sobre la cubierta de madera. Dolores ahogó un grito de terror, paralizada por el pánico.
Afortunadamente, a bordo se encontraba el oficial Brais, un viejo amigo de la familia y miembro de la Policía Nacional. Al presenciar la agresión, Brais no dudó un segundo. Corrió por la cubierta, esquivó a Dolores y le asestó un puñetazo formidable a Enrique en la mandíbula. Tras un forcejeo desesperado al borde de la embarcación, Brais utilizó su fuerza para levantar al agresor y arrojarlo por encima de la barandilla. El cuerpo de Enrique impactó contra las gélidas aguas gallegas con un sonoro estruendo.
”El cuerpo de Enrique impactó contra las gélidas aguas gallegas con un sonoro estruendo.