El reencuentro en la base militar que desenterró un secreto de diez años
El reencuentro inesperado en la pista de despegue
El viento de la tarde arrastraba el olor a combustible y tierra seca sobre la base aérea de Zaragoza. Mateo se mantenía firme entre la multitud, con las manos metidas en los bolsillos de su camisa caqui. Destacaba entre los asistentes; su larga coleta rubia y el intrincado tatuaje que subía por su antebrazo delataban su alma de músico, ajena al rígido protocolo militar. Había asistido únicamente para apoyar a su hermana menor en su ceremonia de graduación, sin sospechar que el destino le tenía preparada una emboscada emocional.
De repente, el silencio solemne se apoderó del aeródromo. Una hilera de reclutas con uniformes verde pino se cuadró al unísono. Al frente, caminando con una elegancia marcial que cortaba la respiración, apareció la oficial al mando. Llevaba el uniforme de gala azul marino y una gorra que ocultaba parcialmente su rostro, pero Mateo no necesitaba ver más para reconocerla. Era Laura.

«No puede ser ella...», susurró Mateo para sí mismo, sintiendo que el suelo se desvanecía bajo sus pies.
Habían pasado diez años desde la noche en que Laura se marchó sin decir adiós, dejando atrás una promesa de matrimonio y un vacío imposible de llenar. Verla allí, caminando con paso firme y la mirada perdida en el horizonte, desató un torbellino de recuerdos. Laura pasó a escasos metros de él. Por un instante efímero, sus miradas se cruzaron. Aunque ella mantuvo su postura impecable, Mateo notó la sutil tensión en su mandíbula. Ella sabía que él estaba allí, y el pasado, que ambos creían enterrado, acababa de despertar con la fuerza de un huracán.
”Ella sabía que él estaba allí, y el pasado, que ambos creían enterrado, acababa de despertar con la fuerza de un huracán.