Un soldado descubre el terrible secreto que su esposa ocultaba en el hospital
El regreso del sargento
El sargento David Alarcón caminaba por los pasillos del Hospital Clínico de Zaragoza con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Llevaba ocho meses desplegado en una peligrosa misión de paz en el extranjero, y lo único que lo había mantenido en pie era la esperanza de volver a ver a su madre, Clara. Ella era una mujer fuerte, de cabello plateado siempre recogido en una trenza impecable, pero una grave enfermedad la había dejado postrada en una cama de hospital. Durante su ausencia, su esposa Jésica se había ofrecido voluntariamente a cuidarla, asegurándole a David que todo estaba bajo control.
Vestido con su uniforme verde de gala, David se detuvo frente a la habitación 214. A través del cristal de la puerta, escuchó unos extraños sollozos. Al asomarse, vio a Jésica de pie junto a la cama, vestida con una camiseta de color verde azulado. Parecía estar llorando desconsoladamente, pero su rostro cambió en un segundo. De repente, una mueca de desprecio sustituyó sus lágrimas fingidas.

Para horror de David, Jésica levantó una de las almohadas y comenzó a golpear repetidamente a la anciana en el rostro, acallando sus quejas de dolor. No contenta con eso, la tomó del cabello plateado y tiró de ella con una crueldad inhumana. Clara, indefensa y conectada a un monitor electrónico, solo podía emitir gemidos de dolor.
¡Suéltala ahora mismo, maldita monstruo!
La furia se apoderó de David. Empujó la puerta con tanta fuerza que esta golpeó la pared con un estruendo metálico. Entró corriendo a la habitación, agarró a Jésica del cabello para separarla de su madre y, con la agilidad de su entrenamiento militar, lanzó una espectacular patada voladora que impactó de lleno en el pecho de la agresora, mandándola al suelo con violencia.
”Entró corriendo a la habitación, agarró a Jésica del cabello para separarla de su madre y, con la agilidad de su entrenamiento militar, l…