El secreto oculto tras los muros de la prisión que cambió mi destino para siempre
El patio de la prisión provincial lucía más sombrío que de costumbre bajo aquel cielo encapotado de Madrid. Sara, una reclusa de cabello negro corto y mirada cansada, caminaba con paso vacilante por el asfalto agrietado. Vestía un chándal gris desgastado, la única prenda que le recordaba que ya no era dueña de su propio destino. En sus manos apretaba con fuerza un peine de plástico y un vaso, sus posesiones más valiosas en aquel infierno de hormigón. De repente, un pie se interpuso en su camino.
El impacto fue seco y doloroso. Sara rodó por el suelo, sintiendo cómo el frío del cemento le raspaba las manos y las rodillas. Sus pertenencias salieron despedidas, rebotando con un eco metálico contra las paredes del patio. Al levantar la vista, se topó con la figura imponente de Begoña. La veterana pelirroja de complexión robusta la miraba desde arriba con los brazos cruzados y una mueca de absoluto desprecio tallada en el rostro.

El patio de los secretos mudos
—Dame tus cosas, novata —siseó Begoña, con una voz que helaba la sangre de cualquiera que se cruzara en su camino.
La humillación ardió en el pecho de Sara. Limpiándose un hilo de sangre que asomaba por su labio partido, se puso de pie lentamente, sin apartar la mirada de su acosadora. Había perdido su libertad, pero no iba a entregar su dignidad tan fácilmente.
—Ven a quitármelas, zorra —escupió Sara, desafiante, sosteniéndole la mirada con una valentía que sorprendió a las reclusas que observaban la escena.
Antes de que Begoña pudiera reaccionar, la oficial Celia, una funcionaria conocida por su temperamento despiadado, irrumpió en el plano. Con un grito de advertencia, Celia embistió a Sara, reduciéndola contra el suelo en un forcejeo innecesariamente violento. Mientras Sara luchaba por respirar bajo el peso de la guardia, sus ojos se cruzaron por un instante con los de Begoña. Para su sorpresa, la dureza de la pelirroja había desaparecido, reemplazada por una expresión de absoluto estupor y temor contenido.
”Para su sorpresa, la dureza de la pelirroja había desaparecido, reemplazada por una expresión de absoluto estupor y temor contenido.