La boda se detuvo cuando mi jefe entró y descubrió con quién me casaba
Una boda entre sombras y velas
El aroma a incienso y cera derretida envolvía la antigua iglesia de piedra en las afueras de Segovia. El silencio solo era roto por el suave crepitar de las velas que iluminaban el altar con un tono dorado y misterioso. Sara, vestida con un delicado traje de seda vintage y un velo de tul que apenas ocultaba las lágrimas de emoción en sus mejillas, sostenía con firmeza un ramo de rosas blancas. Frente a ella, Iván lucía impecable en su esmoquin gris marengo. El amor parecía flotar en el aire, pero la tensión era palpable.
Justo cuando el sacerdote se disponía a bendecir los anillos, un fuerte golpe resonó al fondo del templo. Las pesadas puertas de roble se abrieron de par en par, dejando entrar una ráfaga de viento frío que hizo bailar las llamas de las velas. Una silueta elegante y decidida cruzó el umbral. Era Carlos, un hombre de cabello canoso y porte imponente, vistiendo un impecable traje azul marino.

Perdona el retraso, hija. Estaba en una reunión importante de la que no podía escapar.
Al escuchar aquella voz, el rostro de Iván sufrió una transformación dramática. Toda la calidez y la seguridad desaparecieron de sus facciones, siendo reemplazadas por una palidez mortal. Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras clavaba la mirada en el recién llegado. Dio un paso atrás, soltando la mano de Sara como si de repente quemara.
¿Jefe? ¿Es usted su padre?
La pregunta de Iván quedó suspendida en el aire, pesada y cargada de un terror incomprensible. Sara miró a su prometido y luego a su padre, dándose cuenta de que el frágil castillo de naipes que había construido estaba a punto de derrumbarse sobre sus cabezas.
”Sara miró a su prometido y luego a su padre, dándose cuenta de que el frágil castillo de naipes que había construido estaba a punto de de…