Un soldado regresa a casa y descubre el cruel secreto de su prometida
El regreso inesperado
El uniforme militar de campaña de Alejandro se sentía pesado, pero no tanto como la impaciencia que cargaba en el pecho. Había pasado dos largos años en una misión en el extranjero, lejos de Sevilla, soñando diariamente con el momento de cruzar el umbral de su hogar. Quería darles una sorpresa a las dos mujeres de su vida: su abuela, Doña Emilia, quien lo había criado con amor incondicional, y Clara, su hermosa prometida con quien planeaba casarse el próximo año. Sin embargo, al abrir la puerta de entrada con su propio juego de llaves, el silencio del pasillo fue roto por una voz chillona y burlona que le heló la sangre.
Alejandro avanzó sigilosamente hacia el salón comedor, donde el suelo de madera de pino crujió levemente. Al asomarse, la escena que presenció superó cualquier pesadilla que hubiese imaginado en el frente. Su abuela, una mujer de ochenta años con la salud debilitada, estaba de rodillas sobre el suelo, vistiendo un humilde pulóver gris carbón. Con las manos temblorosas y la respiración agitada, Doña Emilia fregaba la madera bajo la mirada implacable de Clara. Sentada en el sofá de tela estampada, contemplando el abuso como si fuera un espectáculo de entretenimiento, se encontraba Raquel, la tía de Alejandro.

—¡Ja! Mírate ahora, vieja bruja —gritó Clara con una risa estridente y llena de desprecio.
Antes de que Alejandro pudiera procesar el horror, Clara levantó una taza de agua sucia y la derramó directamente sobre la cabeza de la anciana. La humillación no terminó allí. Con una frialdad espantosa, Clara lanzó una patada que derribó a Doña Emilia, haciéndola caer de costado sobre el suelo húmedo. Luego, la joven se inclinó y le presionó la taza contra la frente, riéndose de su dolor. El instinto militar de Alejandro se activó instantáneamente. Soltando su mochila táctica, corrió hacia adelante y, con una espectacular patada voladora, golpeó a Clara en el hombro, arrojándola lejos de su abuela. Clara cayó al suelo entre gritos de dolor, mientras Alejandro se interponía como un escudo humano para proteger a la anciana.
”Clara cayó al suelo entre gritos de dolor, mientras Alejandro se interponía como un escudo humano para proteger a la anciana.