Venganza · Historia

Una trampa cruel en prisión desata una venganza que nadie vio venir

Una trampa cruel en prisión desata una venganza que nadie vio venir — Parte 1
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El sol de la tarde caía sin piedad sobre el patio de la prisión de San Guillermo, un páramo de hormigón rodeado por imponentes vallas de espino que recortaban el cielo azul. Para Siena, cada paso en ese lugar era una prueba de supervivencia. Sentenciada por un delito que no había cometido, su única estrategia era la invisibilidad. Aquel día, cargaba un pesado fajo de sábanas blancas desde la lavandería, un trabajo físico agotador que al menos mantenía su mente ocupada y lejos de los recuerdos de su vida destrozada en el exterior.

Una emboscada bajo el sol

A pocos metros, apoyada contra una de las columnas de hormigón, se encontraba Brígida. Su complexión robusta y su cabello rubio platino eran sinónimo de peligro en el pabellón B. A su lado, Clara, su fiel aliada de pelo corto, observaba el patio con ojos de hiena. Cuando Siena pasó junto a ellas, Brígida estiró la pierna con una precisión quirúrgica y malintencionada. El tropiezo fue inevitable. Siena voló por los aires, impactando violentamente contra el suelo áspero. El fajo de ropa limpia se esparció por el polvo y la grava.

Una trampa cruel en prisión desata una venganza que nadie vio venir
—¡Fíjate por dónde caminas, estúpida! —gritó Brígida, estallando en una carcajada cruel junto a Clara.

El dolor en las rodillas de Siena era agudo, pero la humillación dolía aún más. Mientras intentaba recoger las sábanas con manos temblorosas, la risa de Clara se cortó en seco. Su rostro se descompuso al ver una sombra proyectarse sobre ellas.

—¡Ya basta! —exclamó Clara, dando un paso atrás con miedo evidente.

Desde el fondo del patio avanzaba Marta. Con su contextura atlética y su larga coleta oscura balanceándose, infundía un respeto absoluto. Sin mediar palabra, Marta se plantó frente a Brígida. La confrontación fue instantánea y brutal. Con una velocidad pasmosa, Marta lanzó una serie de golpes precisos que derribaron a la abusadora, tackleándola contra el cemento. Tras un último impacto que silenció a Brígida por completo, Marta se puso en pie, desafiante, justo cuando las sirenas comenzaron a aullar y los guardias irrumpieron en el patio.

Tras un último impacto que silenció a Brígida por completo, Marta se puso en pie, desafiante, justo cuando las sirenas comenzaron a aulla…