La caricia de mi novio ocultaba una traición que mi hermana descubrió a tiempo
Un día perfecto en alta mar
El sol de la tarde brillaba con intensidad sobre las costas de Ibiza, reflejándose en las aguas de un azul turquesa casi irreal. A bordo del yate de alquiler, la brisa marina soplaba suavemente, aliviando el calor del verano balear. Ainhoa, luciendo un hermoso vestido amarillo que contrastaba con su cabello oscuro, se apoyaba relajada sobre la barandilla de acero inoxidable de la cubierta de teca. Se sentía la mujer más afortunada del mundo; apenas unas semanas antes, su novio Álvaro le había propuesto matrimonio.
Álvaro, vistiendo una camiseta gris y pantalones cortos blancos, se acercó a ella con sigilo. Con una sonrisa juguetona, comenzó a tamborilear rápidamente sobre la espalda de su prometida con golpes simulados, imitando un redoble de tambor. Ainhoa soltó una carcajada, acostumbrada a las bromas físicas e infantiles de su pareja. Para ella, era simplemente una muestra más de su carácter alegre y juvenil.

Sin embargo, la escena cobró un significado completamente distinto para Sonia, la hermana mayor de Ainhoa. Sonia, que llevaba un sombrero de paja y una túnica de lino azul, había estado observando a Álvaro con creciente desconfianza durante todo el viaje. Al ver el gesto físico de Álvaro, algo en su interior se quebró. Interpretó el juego como una agresión o, quizás, fue la gota que colmó el vaso de una sospecha que llevaba días consumiéndola.
Sonia salió del camarote principal como un torbellino. Corriendo sobre la cubierta, se abalanzó sobre Álvaro con una furia ciega. Sin mediar palabra, le cruzó la cara con una bofetada limpia y ruidosa que dejó al hombre completamente desorientado. Antes de que Álvaro pudiera reaccionar, Sonia lo sujetó firmemente por el cuello de la camiseta.
¡Uf! ¡Fuera de aquí!
Con un gemido cargado de rabia, Sonia lo empujó con todas sus fuerzas hacia atrás. Álvaro perdió el equilibrio, chocó contra la barandilla y cayó de espaldas al vacío, realizando una voltereta involuntaria antes de sumergirse ruidosamente en las profundas aguas del Mediterráneo. Ainhoa ahogó un grito de horror, contemplando la escena sin poder dar crédito a lo que sus ojos acababan de presenciar.
”Ainhoa ahogó un grito de horror, contemplando la escena sin poder dar crédito a lo que sus ojos acababan de presenciar.