La humillación que se convirtió en la venganza más perfecta del tiro español
El sol de justicia caía sobre las instalaciones del club de tiro olímpico en Toledo, reflejándose en las relucientes escopetas de los competidores más prestigiosos de España. Entre la multitud de deportistas patrocinados y trajes de última generación, Natalia destacaba por su sencillez. Vestía un discreto forro polar negro y llevaba el cabello oscuro recogido en una coleta baja. A su lado caminaba Álvaro, el joven campeón nacional de veinticinco años, cuya arrogancia se alimentaba del legado intocable de su familia.
Mientras avanzaban hacia la línea de fuego rodeados por una multitud expectante, un grito despectivo rompió el murmullo de las gradas:

¿Ahora dejan participar a modelos en los campeonatos de tiro?
Una oleada de risas burlonas se extendió por el público. Álvaro sonrió con suficiencia, complacido por la humillación pública de su rival. Sin embargo, el rostro de Natalia permaneció imperturbable, como esculpido en piedra. No había rastro de duda en sus ojos oscuros mientras se colocaba en el puesto número cuatro.
Con movimientos fluidos y precisos, Natalia cargó su arma. El silencio se apoderó del campo de tiro cuando levantó la culata hacia su mejilla. Apuntó al plato que salía disparado a gran velocidad y apretó el gatillo. El estruendo del disparo resonó en todo el recinto, seguido instantáneamente por el estallido del objetivo en mil pedazos.
En la cabina técnica, Ramón, el veterano juez de la competición, observó la pantalla de registro y sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. El monitor mostraba una agrupación de impactos perfecta, pero no era solo la puntuación máxima lo que le heló la sangre. Los impactos formaban un patrón geométrico muy específico.
Álvaro, al ver la reacción del juez, se acercó a toda prisa a Natalia, con el rostro desencajado y la respiración agitada.
Imposible. ¿De dónde has sacado ese símbolo?
Natalia bajó el arma con parsimonia, lo miró fijamente a los ojos y respondió con una frialdad cortante:
Alguien a quien deberías haber recordado.
”¿De dónde has sacado ese símbolo?Natalia bajó el arma con parsimonia, lo miró fijamente a los ojos y respondió con una frialdad cortante:…