Traición · Historia

Mi esposo me atacó en una gala sin saber quién era mi protector

Mi esposo me atacó en una gala sin saber quién era mi protector — Parte 1
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El estallido de la violencia en el salón dorado

El aire en el salón del palacio de los Alarcón era espeso, cargado de fragancias caras, el tintineo de copas de cristal de Bohemia y murmullos en tonos bajos. Lucía intentaba mantener la compostura, alisando con manos temblorosas el tejido de su vestido de seda color crema. A su lado, Samuel, impecable con su esmoquin oscuro y su distinguida cabellera plateada, conversaba con un diplomático con total tranquilidad. Sin embargo, para Lucía, cada segundo que pasaba era una tortura. Sabía que su esposo, Nicolás, no andaba lejos, y que su aparente calma era solo la antesala de una tormenta devastadora.

De repente, el horror se materializó de la manera más física y brutal. Sin previo aviso, una sombra se cernió sobre Lucía. Una mano enguantada de rabia se enredó en su cabello recogido y tiró de él hacia atrás con una fuerza salvaje. El dolor agudo recorrió su espina dorsal y un chillido de terror escapó de sus labios mientras su cabeza era sacudida violentamente hacia atrás. Nicolás, con los ojos desorbitados y una sonrisa sádica, siseó una amenaza directa a su oído, dispuesto a arrastrarla fuera del palacio como si fuera un animal de su propiedad.

Mi esposo me atacó en una gala sin saber quién era mi protector

Pero el destino de Nicolás cambió en una fracción de segundo. Samuel reaccionó con la velocidad y la contundencia de un rayo. Levantándose de su asiento, el veterano hombre de negocios desató una ráfaga de golpes demoledores directamente sobre el rostro de Nicolás. El primer puñetazo sonó como un latigazo seco en la estancia, seguido de otros dos que impactaron de lleno en los pómulos del agresor. La inercia del último impacto envió a Nicolás tambaleándose hacia atrás, destrozando una silla de madera noble antes de estrellarse contra el suelo pulido. El salón enmudeció, roto únicamente por los sollozos de pánico de Lucía, que se cubría los oídos en estado de shock.

El salón enmudeció, roto únicamente por los sollozos de pánico de Lucía, que se cubría los oídos en estado de shock.