Soporté sus humillaciones en el instituto hasta que decidí jugar con sus propias reglas
La gota que colmó el vaso
El instituto San Fernando siempre había sido un territorio hostil para Tobías. Mientras la mayoría de los estudiantes se preocupaban por los exámenes finales o las citas de fin de semana, él tenía una preocupación mucho más mundana y dolorosa: sobrevivir al día a día sin cruzarse con Gabriel. Gabriel era el epítome del privilegio, el hijo de un influyente empresario local que vestía con orgullo la chaqueta amarilla del equipo del instituto, sintiéndose intocable detrás de su sonrisa perfecta.
Aquella tarde, Tobías se encontraba en la cafetería, un espacio ruidoso dominado por el eco de las risas y el golpeteo de las taquillas metálicas. Sentado en una mesa solitaria, intentaba concentrarse en la pantalla de su ordenador portátil. De repente, una sombra se interpuso entre la luz fluorescente del techo y su teclado. Antes de que pudiera reaccionar, un chorro de refresco de cola cayó directamente sobre su cabeza, empapando su capucha azul marino y resbalando por su rostro en un goteo incesante.

¿Qué te pasa, chico? ¿Te ha comido la lengua el gato?
La voz de Gabriel resonó con una burla cruel, desatando las risas de su séquito habitual. Tobías cerró los ojos, sintiendo el frío del líquido pegajoso y, al mismo tiempo, un calor ardiente que nacía en su pecho. Durante años había agachado la cabeza, pero algo dentro de él se rompió en ese preciso instante. Se quitó la capucha despacio y se puso de pie, encarándolo.
¿Has terminado?
La pregunta, formulada con una calma gélida, desconcertó a Gabriel por un segundo. El acosador dio un paso atrás, tratando de mantener su fachada de superioridad.
Bien.
Tobías lo miró fijamente, con una intensidad que hizo que las risas a su alrededor se apagaran por completo. La humillación pública acababa de convertirse en el catalizador de una transformación inevitable.
Ahora me toca a mí.
”La humillación pública acababa de convertirse en el catalizador de una transformación inevitable.Ahora me toca a mí.