Traición · Historia

Cintia defendió su vida en prisión, pero la traición real la esperaba afuera

Cintia defendió su vida en prisión, pero la traición real la esperaba afuera — Parte 1
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El eco de los golpes en el hormigón

El aire en los lavabos de la prisión provincial de Cruz del Sur siempre olía a una mezcla rancia de lejía barata y humedad acumulada durante décadas. Cintia, con el uniforme azul reglamentario que le quedaba holgado pero no ocultaba su complexión atlética, se miraba en el espejo agrietado sobre el lavabo de metal. Su cabello rubio oscuro, recogido en una coleta alta, estaba empapado de sudor tras una intensa jornada de trabajo en los talleres del penal. Abrió el grifo, dejando que el agua fría corriera sobre sus manos agrietadas, buscando un momento de paz en medio del caos cotidiano.

La tranquilidad duró apenas unos segundos. Detrás de ella, una silueta maciza se deslizó en el reflejo del espejo con la agilidad silenciosa de un depredador curtido. Era Sonia, una de las reclusas más temidas del pabellón B, conocida por su brutalidad sin escrúpulos. Antes de que Cintia pudiera reaccionar, Sonia la agarró bruscamente del cabello por la espalda y, con una risotada ronca, empujó su cabeza con violencia bajo el chorro de agua fría.

Cintia defendió su vida en prisión, pero la traición real la esperaba afuera
No te hagas la dura conmigo, niñata. Aquí tú no eres nadie.

A través del ventanal del baño, un grupo de presas comenzó a agolparse, jaleando y gritando con salvajismo, ansiosas por presenciar la caída de la nueva. Sin embargo, no sabían que el pasado de Cintia escondía años de riguroso entrenamiento en defensa personal. Con un movimiento felino y preciso, Cintia utilizó la propia inercia del empuje para zafarse del agarre. En un abrir y cerrar de ojos, bloqueó el siguiente golpe de Sonia y lanzó una contraofensiva letal. Una combinación de golpes rápidos al torso culminó con una espectacular patada voladora que envió a la corpulenta agresora directamente al suelo.

Cintia se quedó de pie sobre su oponente derrotada, respirando con dificultad mientras el agua seguía corriendo. Miró a Sonia con una frialdad que congeló los gritos de las espectadoras.

La próxima vez no saldrás andando. Te lo aseguro.

Miró a Sonia con una frialdad que congeló los gritos de las espectadoras.La próxima vez no saldrás andando. Te lo aseguro.