Protegí a una anciana en prisión sin saber que ella controlaba mi destino
La ley del patio
El sol de mediodía caía implacable sobre el patio de cemento de la prisión de alta seguridad, un espacio gris rodeado de imponentes muros de piedra que parecían absorber todo rastro de esperanza. Sonia, una mujer de mirada intensa y brazos marcados por tatuajes que contaban su dura historia, observaba el ir y venir de las reclusas. A pocos metros, Miriam, una mujer mayor que se había convertido en su único apoyo emocional en aquel infierno, caminaba con paso vacilante vistiendo el tosco chándal reglamentario.
La frágil paz se rompió en un segundo. Un balón de fútbol, pateado con saña desde el otro extremo del patio, impactó directamente en la espalda de Miriam, derribándola al suelo con un golpe seco. Sonia no lo dudó; en un abrir y cerrar de ojos, se deslizó por el pavimento y cayó de rodillas junto a su amiga. "¿Estás bien? No te muevas", le susurró con el corazón desbocado, mientras intentaba incorporarla con extrema delicadeza.

Antes de que pudiera reaccionar, una sombra se proyectó sobre ellas. Nerea, una de las reclusas más conflictivas y temidas del pabellón, se interpuso con una sonrisa burlona cargada de malicia.
"La pelota ha dado justo donde debía, ¿verdad?", siseó una voz desde atrás, seguida por la orden cortante de Nerea:
"Se acabó para ti".
Nerea se lanzó al ataque con un movimiento rápido, pero Sonia, cuyo instinto de supervivencia se había forjado en las calles más duras antes de su injusta condena, reaccionó con precisión quirúrgica. Bloqueó el brazo de la agresora con firmeza y, al mismo tiempo, detectó que Cora, una imponente reclusa rubia de complexión fuerte, cargaba hacia ella con intenciones violentas. Con un giro perfecto, Sonia detuvo a Cora con un contundente rodillazo en el abdomen, seguido de un revés fulminante que la mandó directa al suelo del patio. La tensión se palpaba en el aire, pero la prioridad de Sonia seguía siendo la misma: proteger a Miriam a cualquier precio.
”La tensión se palpaba en el aire, pero la prioridad de Sonia seguía siendo la misma: proteger a Miriam a cualquier precio.