La agresión de mi prometido en Navidad reveló una red de mentiras familiares
Anteriormente: Un tenso enfrentamiento en un centro comercial decorado de Navidad expone una dolorosa traición cuando una valiente desconocida interviene para salvar a Kimberly de la furia de su prometido.
Secretos que salen a la luz
El oficial Vázquez se interpuso de inmediato entre los presentes, intentando controlar la caótica escena mientras los clientes del centro comercial observaban con asombro. Bruno, adolorido pero intentando mantener su fachada de hombre de negocios respetable, se puso de pie con dificultad y se sacudió el polvo de su costoso traje.
«Oficial, detenga a esa mujer. Me ha agredido sin ninguna provocación. Esto es una disputa privada entre mi prometida y yo, no hay nada que ver aquí», declaró Bruno con una asombrosa frialdad.
Ámbar se mantuvo firme al lado de Kimberly, cruzándose de brazos y desafiando al agresor con la mirada. Kimberly, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, sacó los documentos arrugados de su bolso y se los mostró al guardia de seguridad con la mano temblorosa.

Al ver los membretes oficiales de los papeles, el oficial Vázquez cambió su semblante. Miró fijamente el rostro de Bruno y luego la tarjeta de identificación que este llevaba en la solapa. Con un gesto rápido, el guardia sacó su radiotransmisor para verificar los datos con la central. En cuestión de segundos, la expresión de Vázquez pasó de la confusión a la absoluta seriedad.
«Un momento... usted no es el abogado Bruno del Olmo. Su verdadera identidad es otra, y tiene una orden de busca y captura por un fraude multimillonario en el norte del país», sentenció el oficial con firmeza.
El pánico se apoderó de Bruno, quien al verse acorralado empujó con fuerza al guardia e intentó abrirse paso entre la multitud para huir. Sin embargo, Ámbar reaccionó con rapidez y le zancadilleó el paso, haciendo que tropezara espectacularmente contra una de las grandes estatuas de renos navideños. El oficial Vázquez se abalanzó sobre él, colocándole las esposas de inmediato ante los aplausos de los presentes.
Fue en ese preciso instante cuando el padre de Kimberly, don Mateo, apareció entre la multitud con el rostro pálido. Al ver a su futuro yerno esposado y a su hija llorando, su reacción no fue de protección, sino de un pánico absoluto que Kimberly jamás había visto en él.
”Al ver a su futuro yerno esposado y a su hija llorando, su reacción no fue de protección, sino de un pánico absoluto que Kimberly jamás h…