Una anciana fue humillada en prisión, pero la reclusa más temida ocultaba un secreto
Anteriormente: Cuando la anciana Begoña es agredida en el patio de la cárcel, Estela interviene sin dudarlo. Lo que ninguna esperaba era que un viejo secreto familiar saliera a la luz entre las rejas.
Una revelación dolorosa
La tensión en el patio de la prisión se podía cortar con un cuchillo. Las reclusas formaron un círculo alrededor de las tres mujeres, sabiendo que cualquier movimiento en falso desataría una intervención violenta de los guardias. Jésica, desafiante, no soltó a Begoña de inmediato; en su lugar, miró a Estela con desprecio, buscando medir sus fuerzas frente a la única interna que no le temía.
—¿Y si no quiero qué, Estela? ¿Vas a defender a esta vieja inservible? —provocó Jésica, acercando su rostro al de la pelirroja. En ese instante de extrema cercanía, Jésica bajó la voz y susurró algo que paralizó a Estela por completo—. Deberías darme las gracias. ¿O es que no sabes quién es realmente esta adorable ancianita? Es la madre de Alberto Peña. Sí, el mismo que testificó en tu contra y te metió en este agujero para salvar su propio pellejo.

Las palabras de Jésica cayeron como una losa de hormigón sobre el pecho de Estela. Su mirada se desvió lentamente hacia Begoña, quien permanecía en el suelo, llorando de dolor y vergüenza. La anciana que la había consolado en sus noches más oscuras, la que le había ofrecido su trozo de pan cuando el hambre apretaba, era la madre del hombre que había destruido su vida y su reputación, enviándola a prisión por un crimen que no cometió.
—¿Es verdad? —preguntó Estela, con la voz quebrada por una mezcla de rabia y dolor. Begoña no pudo sostenerle la mirada, limitándose a asentir con la cabeza mientras las lágrimas empapaban su cabello gris. Jésica sonrió con triunfo, esperando que Estela se apartara y le permitiera continuar con su castigo. El destino le ofrecía a Estela la oportunidad perfecta para cobrarse su venganza sin levantar un solo dedo.
”El destino le ofrecía a Estela la oportunidad perfecta para cobrarse su venganza sin levantar un solo dedo.