Me arrestaron frente al ayuntamiento por un delito que cometió mi propio prometido
Anteriormente: Cuando Mónica fue esposada y derribada frente al ayuntamiento, todos pensaron que era una criminal. Nadie imaginaba que la persona que amaba le había tendido una trampa mortal.
La caída de las máscaras y la justicia final
El plan de escape y contraataque se ejecutó con una precisión milimétrica durante el cambio de turno nocturno. Aprovechando una supuesta crisis médica de Mónica debido al fuerte golpe que había sufrido durante su detención, el oficial Álvarez logró sacarla de la comisaría sin levantar sospechas. En lugar de dirigirse al hospital de la zona, se desviaron rápidamente hacia las oficinas privadas de Alberto, donde esperaban encontrar las pruebas definitivas de la conspiración.
Para su sorpresa, el oficial Romero también estaba allí esperándolos; el veterano policía en realidad siempre estuvo del lado de la justicia y había fingido el derribo en la plaza para ganar tiempo y desviar las sospechas del comisario corrupto. Juntos, lograron abrir la caja fuerte de la oficina y recuperar los documentos originales que demostraban la falsificación de firmas y los registros de los sobornos bancarios. En ese preciso instante, la puerta de la oficina se abrió de golpe, revelando a Alberto y Lucía acompañados por el comisario corrupto con una expresión de triunfo que pronto se desvanecería.

"Habéis llegado demasiado tarde", siseó Alberto con prepotencia, "nadie va a creer la palabra de una prófuga de la justicia y de dos policías traidores".
Sin embargo, el oficial Romero sonrió con total tranquilidad mientras señalaba un pequeño y discreto dispositivo de grabación que llevaba oculto en la solapa de su chaqueta. Toda la conversación y la confesión implícita de sus delitos estaban siendo transmitidas en tiempo real directamente a la unidad de asuntos internos de la Policía Nacional. En cuestión de minutos, el sonido ensordecedor de las sirenas policiales inundó la calle y un equipo especial irrumpió en la oficina.
Alberto, Lucía y el comisario corrupto fueron arrestados de inmediato bajo graves cargos de conspiración criminal, falsedad documental y cohecho. Mónica, finalmente libre de toda sospecha y con su nombre completamente limpio, miró a los oficiales Álvarez y Romero con una gratitud eterna que las palabras no alcanzaban a describir. Había perdido a su familia biológica debido a la codicia, pero había recuperado su libertad, su herencia y su fe en la verdadera justicia. Al final, la verdad siempre encuentra su camino, incluso cuando la traición se viste de uniforme.


