El brazalete de oro que reveló la verdad oculta sobre mi supuesta muerte
El reencuentro en alta mar
La brisa del Mediterráneo soplaba templada sobre la cubierta del Reina del Sur, un majestuoso yate de lujo anclado frente a la costa de Ibiza. Para los invitados que reían con copas de champán en la mano, aquella era una noche de celebración aristocrática. Para Adriana, sin embargo, era el momento de saldar una deuda con el pasado. Vestida con el uniforme blanco de la tripulación, llevaba una bandeja de plata con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Sabía que entre la multitud se encontraba el hombre que buscaba.
De repente, una figura de vestido rosa-rojo se interpuso en su camino. Era Berta, la caprichosa prometida del hijo de la familia De la Vega. Con un movimiento deliberado, Berta chocó contra Adriana, haciendo que una de las delicadas copas de cristal estallara contra el suelo de teca. El sonido del vidrio rompiéndose atrajo las miradas de los presentes.

—Límpialo —ordenó Berta con desprecio, esperando ver a la camarera arrodillarse ante ella.
Pero Adriana no se movió. Con una calma gélida, se arremangó el puño de la camisa, dejando al descubierto un antiguo brazalete de oro con forma de concha marina. Ignorando por completo a la joven, caminó firmemente hacia Eduardo de la Vega, el patriarca de la familia, que observaba la escena con extrañeza.
—Mi madre me dijo que esto pertenecía a mi padre antes de que desapareciera —declaró Adriana con voz clara y cortante.
El rostro de Eduardo se tornó grisáceo al reconocer la joya. Patricia, su madre, una mujer de cabellos plateados y mirada gélida, intentó intervenir colocándose entre ambos.
—Esta noche no, muchacha. Vuelve a tus quehaceres antes de que sea tarde —susurró Patricia con tono amenazante.
Sin inmutarse, Adriana abrió el pequeño relicario del brazalete, revelando la fotografía de un bebé. Eduardo ahogó un grito.
—Me dijeron que el bebé se había ahogado... que mi pequeña Adriana murió en el accidente —murmuró Eduardo con la mirada perdida en la foto.
—Tu madre pagó un funeral sin cadáver para mantenerte alejado de mí —sentenció Adriana.
En ese instante, Berta intentó retroceder para alejarse del escándalo, pero su tacón de diamantes resbaló en el champán derramado, haciéndola tambalear con un gemido ahogado mientras la verdad estallaba en el yate.
”que mi pequeña Adriana murió en el accidente —murmuró Eduardo con la mirada perdida en la foto.—Tu madre pagó un funeral sin cadáver para…