Defender a una reclusa indefensa en prisión cambió mi destino para siempre
Anteriormente: Cuando Cristina defendió a Sara de la matona del patio de la prisión, no imaginaba que ese acto de valentía desenterraría un secreto del pasado que cambiaría sus vidas.
Un secreto entre rejas
Aquella misma noche, el ambiente en la celda de Cristina era de un silencio sepulcral. Las luces principales se habían apagado, dejando solo el tenue resplandor de los faros de seguridad exteriores filtrándose por los barrotes. Sara, que compartía pabellón con ella, se acercó despacio a su litera. Sus ojos, aún enrojecidos por las lágrimas de la tarde, reflejaban un pánico profundo que iba mucho más allá del simple temor a una paliza en el patio.
—Cristina, tienes que escucharme —susurró Sara, con la voz entrecortada—. Lo que hiciste hoy fue increíble, pero te has puesto en el punto de mira de alguien muy peligroso. El hermano de Begoña fuera de aquí es Julián Sotomayor.

El nombre cayó como una losa en el pecho de Cristina. Julián Sotomayor era el influyente empresario que, mediante pruebas falsificadas y falsos testimonios, la había incriminado en el desfalco financiero que la había llevado a la cárcel. Cristina había sido su chivo expiatorio, perdiendo su carrera, su reputación y su libertad por un delito que jamás cometió.
—¿Julián? —preguntó Cristina, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones—. ¿Cómo sabes eso?
—Yo era su secretaria personal —confesó Sara, temblando—. Yo guardaba los archivos reales de la empresa. Cuando Julián se enteró de que yo tenía copias que demostraban tu inocencia y su culpabilidad, me tendió una trampa con drogas para encerrarme aquí antes de que pudiera testificar. Begoña tiene órdenes de vigilarme y destruirme si intento hablar contigo.
La revelación encendió una chispa de esperanza y furia en el corazón de Cristina. La verdad estaba al alcance de su mano, pero la red de corrupción de Julián era más profunda de lo que imaginaba. Antes de que pudieran trazar un plan, la puerta del pabellón se abrió bruscamente. Varios guardias, con rostros severos y sin mediar palabra, entraron en la celda y agarraron a Sara de los brazos, arrastrándola hacia el ala de aislamiento por supuestas «violaciones del reglamento».
—¡Si hablas, nunca saldrás de aquí! —le susurró uno de los guardias corruptos a Cristina al pasar por su lado.
Cristina se quedó sola en la penumbra, sabiendo que el tiempo se agotaba y que debía actuar esa misma noche si quería salvar a Sara y recuperar su vida.
”—le susurró uno de los guardias corruptos a Cristina al pasar por su lado.Cristina se quedó sola en la penumbra, sabiendo que el tiempo s…