Defendí a mi única amiga en prisión sin saber la oscura traición que ocultaba
Anteriormente: Cuando Juana defendió a Sara de una brutal paliza en el patio de la cárcel, pensó que hacía lo correcto. Pero un secreto oscuro estaba a punto de cambiar las reglas del juego.
La verdad detrás de las rejas
La victoria en el patio le otorgó a Juana un respeto inmediato entre la población reclusa, pero también encendió las alarmas de sus enemigas. Esa misma noche, el silencio del pabellón se vio interrumpido por los susurros de agradecimiento de Sara a través de los barrotes de la celda contigua. Sin embargo, la aparente lealtad de la joven rubia se desmoronaría a la mañana siguiente de la manera más dolorosa posible.
Durante su turno de limpieza en la oficina del subdirector de la prisión, Juana descubrió una carpeta confidencial sobre el escritorio. Al abrirla, no solo encontró los detalles de su propia condena injusta, sino una carta manuscrita que contenía una caligrafía que conocía a la perfección: la de Manuel, su exesposo. Manuel era el hombre que la había traicionado, incriminándola en un desfalco millonario para salvar su propio pellejo.

Al leer la carta, el mundo de Juana se derrumbó. El documento iba dirigido a una reclusa del penal, prometiéndole una inmensa fortuna a cambio de silenciar a Juana de una vez por todas dentro de los muros de la prisión. Adjunta a las hojas, había una fotografía de Manuel abrazando cariñosamente a su amante en una playa tropical. La mujer de la foto, sonriente y victoriosa, era Sara.
La agresión en el patio no había sido un ataque fortuito; había sido una elaborada puesta en escena planificada por Begoña, Carla y Sara para ganarse la confianza de Juana y facilitar su asesinato. Con la verdad en sus manos y la traición quemándole el pecho, Juana regresó al patio, decidida a enfrentar a la mujer que consideraba su única amiga en aquel infierno.
”Con la verdad en sus manos y la traición quemándole el pecho, Juana regresó al patio, decidida a enfrentar a la mujer que consideraba su…