Venganza · Historia

Defendió a una anciana indefensa en prisión y descubrió una traición de su pasado

Defendió a una anciana indefensa en prisión y descubrió una traición de su pasado — Parte 1
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El infierno de Soto del Real

Las cocinas de la prisión de Soto del Real siempre olían a una mezcla insoportable de humedad, grasa quemada y desinfectante barato. Era un lugar ruidoso, pero aquella mañana de martes, el silencio se apoderó del enorme hangar de cemento. En un rincón oscuro, cerca de las gigantescas ollas de vapor, se estaba gestando una tragedia que nadie quería ver. Las reclusas agachaban la cabeza, concentradas en sus tareas, ignorando deliberadamente lo que ocurría junto a la verja metálica.

Allí, Begoña, una imponente reclusa rubia de complexión robusta y uniforme naranja, tenía acorralada a Clara. Clara era una mujer de avanzada edad, de cabello plateado y hombros caídos, que no encajaba en absoluto en aquel entorno hostil. Begoña la presionaba contra los eslabones de la verja, exigiéndole con voz ronca el dinero que la anciana supuestamente guardaba de su última visita familiar. Las lágrimas resbalaban por las mejillas arrugadas de Clara, quien solo atinaba a suplicar clemencia.

Defendió a una anciana indefensa en prisión y descubrió una traición de su pasado

Fue en ese instante cuando irrumpió Rebeca. Con su melena cobriza recogida y los tatuajes de su pecho asomando por el cuello de su camiseta de reclusa, Rebeca no dudó. La rabia acumulada durante meses de injusticia se concentró en sus ojos. Agarró un pesado cubo de acero industrial que reposaba en el suelo y, con un movimiento rápido y letal, se lo encajó a Begoña en la cabeza con un golpe seco que retumbó en todo el recinto.

El impacto desorientó a la gigante, que soltó a Clara de inmediato. Begoña, rugiendo de furia ciega, se arrancó el cubo de metal abollado de la cabeza, pero antes de que pudiera fijar la vista en su agresora, Rebeca ya estaba sobre ella. Con una técnica asombrosa, Rebeca desató una rapidísima ráfaga de puñetazos directos al rostro y al abdomen de la matona. El enorme cuerpo de Begoña no pudo resistir el castigo y se desplomó pesadamente sobre el hormigón húmedo.

La tensión se congeló en el aire. Rebeca se arrodilló sobre su oponente caída, le agarró el cabello rubio con fuerza para levantarle la cabeza y, con una mirada gélida, pronunció las palabras que marcarían un antes y un después en el penal:

"Que no vuelva a pillarte, basura."

El castigo por aquella agresión fue inmediato, pero el respeto que Rebeca se ganó entre las presas cambiaría el rumbo de su destino para siempre.

Rebeca se arrodilló sobre su oponente caída, le agarró el cabello rubio con fuerza para levantarle la cabeza y, con una mirada gélida, pr…