Traición · Historia

Descubrí lo que mi esposa le hacía a mi abuela cuando no estaba en casa

Descubrí lo que mi esposa le hacía a mi abuela cuando no estaba en casa — Parte 1
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El descubrimiento del horror

Brais caminaba hacia su hogar con el corazón ligero. Había sido un día inusualmente corto en el astillero y la idea de sorprender a su esposa, Nerea, y a su abuela Alicia con una cena especial le llenaba de alegría. Llevaba dos bolsas repletas de verduras frescas, pescado de la ría y un pequeño ramo de flores silvestres. Sin embargo, al cruzar el umbral de la puerta principal, un silencio sepulcral y denso lo recibió. La puerta de la cocina, con sus características paredes pintadas de un amarillo chillón, estaba entornada.

De repente, un grito áspero y cargado de desprecio rompió el silencio de la tarde. No era una voz que Brais reconociera fácilmente, pero pertenecía a su esposa.

Descubrí lo que mi esposa le hacía a mi abuela cuando no estaba en casa
¡Toma, vieja bruja! ¡Cómetelo todo de una vez!

El corazón de Brais dio un vuelco. Se acercó con sigilo y asomó la cabeza por la rendija de la puerta. Bajo la cruda luz del techo, la escena que presenció lo dejó helado. Nerea, con su cabello oscuro recogido en una coleta y vistiendo una blusa morada, estaba forzando violentamente un plato de fideos fríos en la boca de Alicia. La anciana, cuyo cabello plateado se desmoronaba de su moño, lloraba desconsoladamente atada de manos invisibles por el miedo.

¡Para, por favor, para! —suplicaba Alicia, ahogándose con la comida.

La rabia estalló en el pecho de Brais como un volcán. Soltó las bolsas de la compra, que impactaron contra el suelo esparciendo las frutas por todo el pasillo, y se abalanzó al interior de la cocina con un rugido ensordecedor.

¡Aléjate de ella! —bramó, empujado por una fuerza que no sabía que poseía.

Brais agarró a Nerea por los hombros, apartándola bruscamente de la mesa. Nerea, sorprendida y furiosa al verse descubierta, forcejeó con violencia.

¡No! ¡Suéltame! —chilló ella, intentando clavarle las uñas en los brazos.

Sin dudarlo, Brais la empujó con firmeza, dándole un puntapié defensivo que la hizo retroceder hasta chocar con fuerza contra la nevera amarilla. Nerea se tambaleó, respirando agitadamente, mientras clavaba una mirada cargada de puro veneno en su esposo, quien ya se había arrodillado para consolar a su aterrorizada abuela.

Nerea se tambaleó, respirando agitadamente, mientras clavaba una mirada cargada de puro veneno en su esposo, quien ya se había arrodillad…