Secretos de familia · Historia

El campeón arrogante se burló de su rifle viejo sin saber quién era ella

El campeón arrogante se burló de su rifle viejo sin saber quién era ella — Parte 2
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Anteriormente: Bruno pensó que ganar el campeonato nacional de tiro sería fácil y se burló del viejo rifle de Sara. Pero cuando ella apretó el gatillo, el pasado de su familia regresó para reclamar justicia.

La pregunta de Bruno quedó flotando en el aire mientras los murmullos de asombro se extendían por todo el recinto. Fue en ese instante de confusión cuando el campeón fijó su mirada en la culata del rifle de Sara. Allí, grabado con letras doradas desgastadas, se apreciaba el monograma del legendario Mateo Alarcón. Bruno sintió un frío repentino recorrer su espalda; conocía perfectamente ese nombre. El padre de Sara había sido el mejor tirador del país hasta que el padre de Bruno lo acusó falsamente de dopaje tecnológico para arrebatarle el título nacional una década atrás.

La sombra del sabotaje

El pánico se apoderó de Bruno al comprender que la joven no estaba allí solo para competir, sino para desenterrar la verdad y limpiar el honor de su familia. Con el prestigio de su dinastía en juego, la soberbia de Bruno se transformó en desesperación. Durante el receso técnico previo a la ronda final, aprovechó que el personal de seguridad estaba distraído para infiltrarse en la zona de custodia de armas, donde los competidores dejaban sus equipos.

El campeón arrogante se burló de su rifle viejo sin saber quién era ella

Con manos temblorosas pero precisas, Bruno utilizó una pequeña herramienta táctica para alterar los tornillos de ajuste de la mira telescópica del rifle de Sara. Sabía que un desvío de apenas un milímetro se traduciría en un fallo de metros en el blanco final. Cuando Sara regresó a su puesto para el disparo definitivo, el ambiente estaba cargado de una tensión eléctrica.

Al tomar su rifle, el tacto del metal frío le advirtió que algo no andaba bien. Al mirar a través de la óptica, sus peores temores se confirmaron: la retícula estaba completamente desviada. Desde el extremo opuesto de la línea de fuego, Bruno la observaba con una sonrisa de suficiencia, convencido de que la había derrotado sin necesidad de disparar. El juez del campeonato levantó la bandera roja, iniciando la cuenta atrás de sesenta segundos. El destino de toda una vida dependía de un disparo imposible.

El destino de toda una vida dependía de un disparo imposible.