El desgarrador reencuentro bajo la nieve que desenterró el peor secreto de mi familia
La caída en el abismo helado
El viento del norte soplaba con una violencia implacable sobre el descampado industrial a las afueras de Segovia. El suelo, una mezcla de grava y tierra congelada, estaba cubierto por una fina capa de nieve sucia que hacía que cada paso fuera una tortura. Allí, abandonada a su suerte, se encontraba Caterina. Su cuerpo temblaba descontroladamente bajo un jersey de lana marrón, desgarrado por las inclemencias del tiempo y los días de absoluto desamparo. Ya no le quedaban fuerzas para mantenerse en pie.
Arrastrándose sobre sus manos y rodillas, Caterina sentía cómo las piedras afiladas y el hielo le desgarraban la piel. Cada centímetro avanzado era un triunfo doloroso contra la muerte que parecía acecharla. En un momento de debilidad absoluta, el dolor físico y la desolación de su alma se fusionaron en un grito desgarrador. Su rostro, pálido y demacrado, se contrajo en una mueca de pura agonía y terror, un lamento que se perdió en la inmensidad del páramo desolado.

De repente, el crujido de unos neumáticos sobre la grava rompió el silencio sepulcral. Un imponente coche negro se detuvo a pocos metros de ella. De su interior descendió Alejandro, un hombre de cabello canoso que vestía un elegante abrigo gris oscuro y una bufanda negra. Al ver la silueta de su hija arrastrándose por el suelo como un animal herido, la altivez de Alejandro se desmoronó por completo.
—¡Caterina, Dios mío! ¿Qué te han hecho? —exclamó con la voz rota por el dolor.
El hombre se desplomó sobre el suelo helado, hundiéndose en un llanto amargo y desesperado. El remordimiento lo consumía por dentro. Aquella joven moribunda a la que había abandonado era su propia sangre, la hija a la que juró proteger y a la que había condenado al peor de los infiernos por culpa de su ciega confianza en la persona equivocada.
”Aquella joven moribunda a la que había abandonado era su propia sangre, la hija a la que juró proteger y a la que había condenado al peor…