Traición · Historia

El día que mi esposo y mi mejor amiga me empujaron por las escaleras

El día que mi esposo y mi mejor amiga me empujaron por las escaleras — Parte 2
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Anteriormente: Valeria creía tener la vida perfecta como actriz y futura madre, hasta que un terrible accidente en el set de rodaje desveló el oscuro secreto que su esposo y su mejor amiga ocultaban.

La fría extorsión bajo el monitor cardíaco

El olor a desinfectante y el rítmico pitido de las máquinas devolvieron a Valeria a la realidad. Se encontraba en una fría habitación de hospital, con el cuerpo dolorido y el alma en vilo. Su primera reacción fue tocarse el vientre. Una enfermera se apresuró a calmarla, asegurándole que, milagrosamente, el bebé seguía con vida, aunque su estado era sumamente delicado y requería reposo absoluto.

Antes de que Valeria pudiera suspirar de alivio, la puerta se abrió de golpe. Alejandro entró con paso firme, vestido con el mismo traje gris del rodaje, flanqueado por dos abogados de aspecto implacable. No había rastro de arrepentimiento en su mirada fría y calculadora.

El día que mi esposo y mi mejor amiga me empujaron por las escaleras
Tienes una sola oportunidad para salir bien librada de esto, Valeria.

Siseó Alejandro, arrojando una carpeta sobre su regazo. El documento exigía la renuncia inmediata a la custodia de su hijo y la transferencia total de los fondos de la herencia a la productora cinematográfica. Valeria, con la voz entrecortada, se negó rotundamente a firmar semejante locura, recordándole que ellos la habían empujado.

Alejandro soltó una carcajada cínica que heló la sangre de la convaleciente. Le explicó que todo el equipo de rodaje testificaría que ella había sufrido un lamentable y torpe tropiezo debido a su avanzado estado de gestación. Además, amenazó con utilizar sus influencias para declararla mentalmente inestable y recluirla en un centro psiquiátrico si decidía dar batalla legal.

Cuando los hombres abandonaron la habitación dejándola sumida en la más profunda desesperación, Valeria sintió que había perdido la guerra. Sin embargo, al caer la noche, una figura familiar se deslizó sigilosamente por la puerta de la habitación. Era Mateo, el joven asistente de cámara que siempre había mostrado un gran respeto por el trabajo de Valeria. Traía consigo un dispositivo de almacenamiento portátil y una mirada llena de determinación.

Traía consigo un dispositivo de almacenamiento portátil y una mirada llena de determinación.